Café Montaigne 384: No se extiende la juventud, sino los achaques de la vejez

No quiero ser eterno. Jamás lo he querido y menos deseado. La vida es un pedazo de paraíso, un suspiro sostenido, una voluta de humo, la cual jamás se apresa en el puño de la mano, y luego... plof, la nada. Ignoro para qué se quiere vivir más... y peor. Es decir, no se ha alargado la juventud, sino los achaques y enfermedades de la vejez.