En mis casi 50 años de experiencia docente, una de mis preocupaciones más importantes es por qué el alumno está poco comprometido con su rol de estudiante. Claro que hay excepciones, pero cada vez son menos. Y no es que carezcan de capacidades ni de inteligencia respecto a generaciones anteriores; el problema fundamental es su menor compromiso intelectual y emocional con el aprendizaje. Solamente cumplen con aprobar la materia o con entregar las actividades. En otras palabras, cumplen con lo mínimo para obtener una buena calificación, pero no aportan algo extra. En mis últimos 20 años de docencia universitaria, fueron muy pocos los alumnos que participaban en clase y aportaban ideas que iban más allá del material obligatorio del curso.