En el microcosmos de una hermandad, la junta de gobierno es el motor que transforma la devoción en patrimonio, caridad, formación y culto. Sin embargo, existe un patógeno invisible que, una vez cruza el dintel de la casa hermandad, casi reptando, resulta más destructivo que la oxidación de la plata o el hongo en la madera policromada: la desconfianza.