Rafael Almansa analiza el derbi a 72 horas del Betis-Sevilla en La Cartuja

La ciudad de Sevilla contiene la respiración ante la llegada de El Gran Derbi, el que muchos consideran el mejor derbi del mundo. Este año, el enfrentamiento entre el Real Betis y el Sevilla FC se traslada por primera vez al Estadio de La Cartuja, un escenario con capacidad para casi 70.000 espectadores que promete un ambiente histórico. El equipo verdiblanco llega a la cita como claro favorito, con una plantilla de mayor valor y una sólida quinta plaza en la clasificación que le asegura presencia en Europa. Para el Betis, este partido es la oportunidad de aplastar a su eterno rival y confirmar su superioridad actual. El equipo no debe sentir vértigo ni complejos, tal como recordaba estos días Lorenzo Serra Ferrer, quien apelaba al orgullo y la dignidad para disputar un derbi sin reparos. La afición bética espera disfrutar en La Cartuja de una victoria que refrende su gran momento. En la otra orilla, el Sevilla FC afronta el partido de una forma más apaciguada y tranquila, pero con las ideas muy claras. Desde el cuerpo técnico se transmite un mensaje contundente: "un derbi no se puede perder". Esta idea resuena con fuerza en una ciudad donde la rivalidad queda reflejada en el día a día y convierte este partido en algo sagrado para los aficionados. Aunque el Betis parte con ventaja sobre el papel, en un derbi las posibilidades se igualan. Para el Sevilla, una victoria supondría un auténtico ‘pelotazo’, el equivalente a ganar la lotería para refrescar la temporada y darle un giro radical a su dinámica. El plan podría pasar por construir un bloque más cerrado y sólido, e incluso un empate podría ser un buen resultado para el conjunto de Nervión. Con todo, la ciudad se prepara para vivir su gran fiesta del fútbol, un derbi que, más allá del resultado, se espera que sea una demostración de deportividad y pasión bien entendida entre dos aficiones hermanadas por su amor a Sevilla.