La primavera ha llegado con fuerza al campo español, y las abundantes lluvias de las últimas semanas han dibujado un panorama de floración que, si bien complica la vida a los alérgicos, supone un soplo de aire fresco para el sector de la apicultura. Así lo confirma Nazaret Murillo, una apicultora que gestiona una finca en Mora (Toledo), donde el romero está en su máximo esplendor. "Se prevé bastante buen año, la verdad, y muy buena primavera", afirma con optimismo. Esta nueva temporada llega cargada de esperanza después de años marcados por condiciones climáticas irregulares que han afectado gravemente a la producción de la miel en España. La propia Murillo recuerda que el año pasado "no fue un año muy bueno", ya que la sequía y las lluvias a destiempo mermaron la cosecha. Su producción se quedó en unos 1500 kilos en total, con una media de 10 a 15 kilos por colmena, cifras que esperan superar ampliamente esta campaña. La explotación de Nazaret Murillo se especializa en mieles monoflorales, lo que significa que separan la producción por tipo de floración para obtener variedades con propiedades y colores distintos. El proceso comienza con el romero, para seguir con el tomillo y finalizar con el brezo. Para conseguirlo, no se obliga a las abejas, sino que se las guía. "Nosotros las tenemos en sitios un poco estratégicos donde sabemos que hay esa floración", explica. La clave está en estar muy pendientes del calendario natural para retirar las alzas (los cajones donde almacenan la miel) justo cuando termina la floración de una planta y antes de que empiece la siguiente, evitando que los sabores se mezclen. La historia de Nazaret es también la de un proyecto de vida. Junto a su pareja, decidió emprender en el medio rural, un camino que siempre les había atraído. Aunque ya tenían experiencia en el sector del olivar, en la apicultura empezaron "prácticamente de cero". Asegura que, pese a la dureza y la dependencia del clima, no se arrepienten de su decisión y cada vez son más conocidos. A la pregunta de si se puede vivir de esta actividad, la apicultora es clara. "Se puede vivir de la miel, es duro, pero se puede", sostiene. La clave está en la diversificación, ya que además de la miel, de la colmena se obtienen otros derivados como el polen, la cera o el propóleo, que ayudan a complementar los ingresos en años de baja producción. Aunque hay apicultores en la provincia de Toledo, Murillo señala que no hay muchos profesionales. Con su marca, 'KonMiel', distribuyen su producto principalmente en Castilla-La Mancha, Madrid y Barcelona, con un modelo de negocio centrado en la venta directa del productor al consumidor final. Según la productora, en la zona de Toledo se producen muy buenas mieles, caracterizadas por ser "muy naturales y puras". El motivo es que las colmenas se sitúan en entornos donde no se emplean fitosanitarios en los cultivos, lo que garantiza que las abejas no introduzcan elementos ajenos en la miel, un valor diferencial que el consumidor aprecia cada vez más.