Muchos ciudadanos recorren a diario la calle Buenaventura Iñiguez en el barrio pamplonés de Avejeras, pero pocos conocen la historia del hombre que le da nombre. El escritor Juan Echenique, autor de los libros 'Secretos de Pamplona', ha desvelado en COPE Navarra la biografía de este destacado músico navarro, cuya figura, al igual que la de otros como Serafín Olave o Francisco Bergamín, ha quedado en el olvido para el gran público. Nacido en Sanhueza en 1840, Buenaventura Iñiguez fue un destacado sacerdote, organista y compositor que falleció en Sevilla en 1902. Estudió en las Escuelas Pías de Sos del Rey Católico y en los seminarios de Tudela y Pamplona, donde, según Echenique, "destacó como organista desde muy pronto'. Su extraordinario talento le llevó a formarse en el Conservatorio de Madrid en órgano, armonía y composición. Entre sus maestros se encontró una figura tan relevante como Hilarión Eslava, también sacerdote y músico. La conexión entre ambos fue tan fuerte que, como explica Juan Echenique, "Buenaventura Iñiguez fue el discípulo predilecto, el alumno más aventajado que tuvo Hilarión Eslava". El hito más importante de su carrera fue su puesto como organista de la catedral de Sevilla durante prácticamente 40 años, desde 1865 hasta su muerte en 1902. Echenique añade como curiosidad que en esta catedral de estilo gótico "está enterrado Cristóbal Colón" en un sepulcro sostenido por cuatro figuras que representan a los antiguos reinos de Castilla, León, Aragón y Navarra. Además de su faceta como intérprete, Iñiguez dejó una valiosa obra escrita que se convirtió en referencia para generaciones posteriores. Destacan su 'Método para el estudio del órgano' (1871) y 'El misal y el breviario del organista' (1882), textos de consulta obligada para los músicos de su tiempo. Su obra como compositor fue muy variada, abarcando principalmente la música sacra con misas y motetes, que Echenique define como "breves composiciones musicales que se cantaban en las iglesias desde la Edad Media". Sin embargo, su curiosidad le llevó a componer también piezas para órgano y orquesta, una sinfonía e incluso composiciones flamencas para piano Era descrito como un hombre inquieto y un gran improvisador al órgano. Según Echenique, "se preocupó especialmente de 2 cosas que ahora nos pueden sonar muy normales, pero que en su momento fueron bastante pioneras": por un lado, la formación litúrgica de los organistas y, por otro, la conservación de los instrumentos más antiguos Su talento le valió numerosos reconocimientos nacionales e internacionales. Fue miembro de la Real Academia de Londres y del Gran Círculo de Bellini en Catania, además de presidir la Unión Artística de Sevilla. Su legado incluye una treintena de obras corales, la sinfonía 'La Española', una ópera inédita y un Te Deum que fue premiado en el Monasterio de El Escorial Finalmente, en 1980, el Ayuntamiento de Pamplona decidió honrar su memoria. En un esfuerzo por nombrar las calles de la zona con figuras relevantes de la música navarra, como Manuel Turrillas o Luis Morondo, se eligió el nombre de Buenaventura Iñiguez, el maestro de órgano de Sangüesa, para una de sus vías.