Qué será del Atleti

Al igual que José Feliciano cantaba 'Qué será de mi vida, qué será', cualquier aficionado del Atleti se estará preguntando qué será de su equipo. El Cholo era hasta hace bien poco quien tenía la sartén por el mango, el que señalaba la puerta de salida a los jugadores que no le gustaban y se supone también quien decidía los que llegaban. Su puesto no estaba en entredicho. Enrique Cerezo se hartaba de repetir que estaría en el club hasta que él quisiera, cuando lo normal en todos los equipos es que los entrenadores dependan de los resultados. Esos resultados deberían llegar con una plantilla plagada de grandes jugadores, todos ellos internacionales con Argentina, con España o con sus respectivos países. El futuro es incierto, el balance de la temporada habrá que hacerlo al final. Sería un orgullo conseguir la Copa, y el mero hecho de estar en la final supondría al menos evitar el bochorno de los habituales Athletic-Barça con gran parte del estadio pitando al rey y al himno nacional. Serán muy independentistas y odiarán mucho a España y a Felipe VI, pero hay que ver cómo sufren cuando no consiguen el título. Eliminado el Brujas con un Sorloth extraordinario, le espera al Atleti un camino difícil en Champions que comienza por un equipo inglés, representante de la nueva aristocracia del fútbol europeo. En la Liga se busca el cuarto puesto que permita volver el año que viene a la Liga de Campeones. No jugarla sería una tragedia. ¿Qué será del Atleti, qué será? Sus nuevos dueños lo ven como una inversión, con la que querrán ganar dinero, y para ganarlo tendrán que competir por todos los títulos y fichar grandes jugadores con acierto, si es posible que no se reproduzcan los fracasos de Vietto, Vermeeren , Lemar, Salvio, Nico Gaitán, Sosa y tantos otros, y que se escuche la voz de los socios a través de organismos como el Senado o las asociaciones de peñas. Que el club que lleva en su escudo el de Madrid siga con su lucha quijotesca o barojiana, como aquel hombre (cito de memoria) «que ha salido de su casa sin objeto, sin saber por qué, con la chaqueta al hombro, al amanecer, cuando los gallos lanzan al aire su cacareo estridente como un grito de guerra y las alondras levantan el vuelo sobre los sembrados».