Este año se cumplen 200 años desde que la catalana Joaquina de Vedruna fundó en Vic la congregación de las hermanas Carmelitas de la Caridad Vedruna. Su carisma, orientado al cuidado de enfermos, pero sobre todo a la educación, se expandió hasta llegar a Vitoria en 1870, donde las conocidas como 'vedrunas' establecieron los colegios Niño Jesús y Sagrado Corazón. Casi dos siglos después, varias generaciones de gasteiztarras se han formado bajo una pedagogía basada en el acompañamiento y el amor, resumida en el lema "todo por amor, nada por fuerza". Que ambos centros sigan siendo un referente en la ciudad a pesar del descenso demográfico es algo que la hermana Inés García considera "como un milagro" y atribuye a la confianza de las familias en su modelo educativo. Hoy en día, los colegios están gestionados por una fundación y dirigidos por seglares. Según explica la hermana Inés, la congregación se anticipó a la falta de vocaciones iniciando hace décadas la formación de profesores. "Hemos hecho un trabajo ya de 30 a 40 años, preparando a profesores como educadores con el espíritu que tiene nuestra institución", afirma. Este espíritu se centra en que la relación entre niños y educadores sea positiva y les ayude a crecer, "que no es solamente enseñar las asignaturas". La hermana Inés destaca la generosa respuesta de los laicos, que no solo son profesores, sino también directivos que asumen la gestión como "una misión", un compromiso que considera difícil en los tiempos que corren. La espiritualidad también ha evolucionado. Tras el Concilio Vaticano II, prácticas como el rezo diario del rosario dieron paso a una formación centrada en los valores, tanto dentro como fuera del aula. Así surgieron en Vitoria, a mediados de los 80, las 'montañeras Vedruna', una iniciativa pionera de la hermana Mari Paz Marroquín. Estos grupos, ya mixtos, organizaban reuniones, salidas al monte los fines de semana y campamentos de verano, generando "un espíritu muy bonito de un voluntariado muy generoso", explica Inés García. Su labor se extendió a trabajos de voluntariado en parroquias y en zonas necesitadas de Vitoria para ayudar a los jóvenes a comprender la nueva realidad y "crear una sociedad más humana". Para afrontar el futuro, la hermana Inés cree que es clave tener "personas con una intuición y una visión que son especiales", como lo fue Joaquina de Vedruna. Recuerda a una religiosa que, hace 40 años, impulsó los cursos de formación para profesores y formadores, anticipando que las hermanas ya no llevarían la iniciativa. El futuro más inmediato pasa por celebrar la historia. Este domingo a las 12:30 horas, la Catedral Nueva de Vitoria acogerá una misa presidida por el obispo, Juan Carlos Elizalde, que unirá a religiosas, familias, alumnos y docentes de distintas generaciones. "Estamos convocando a la gente que ha bebido un poquito de este carisma vedruna para que lo podamos celebrar juntos", señala la hermana Inés sobre unas celebraciones que se replican por toda la geografía con historia de la congregación. Será el primero de los dos grandes actos previstos en Vitoria para este año. En mayo llegará una segunda celebración con un "nuevo lenguaje" para acercar la figura de Santa Joaquina a las nuevas generaciones y recordar, como dice su himno, que sigue "haciendo falta gente como tú".