Una agente inmobiliaria de origen ucraniano analiza la situación del alquiler en Valencia: "La clave está en que los propietarios estén más implicados en el proceso de alquiler. Los inquilinos buscan un hogar, no solo un piso"

La ciudad de Valencia ha experimentado un notable crecimiento de población, ganando casi 15.000 habitantes en un solo año y superando los 840.000 residentes, según datos oficiales. Este fenómeno se extiende a toda la Comunidad Valenciana, que se posiciona como la región que más crece de España. Este aumento demográfico, analizado en el programa 'Herrera en COPE Valencia', ha generado una consecuencia directa: una creciente dificultad para encontrar casa y una fuerte tensión en el mercado de la vivienda. En este contexto trabaja Kate, una agente inmobiliaria de 27 años y origen ucraniano. Desde su oficina en la Gran Vía Marqués del Turia, lleva cuatro años observando de primera mano la evolución de un mercado cada vez más complejo, donde un porcentaje elevado de sus clientes son extranjeros con rentas altas. Para Kate, el problema principal del mercado valenciano es la relación calidad-precio. Según expone, los datos de Idealista muestran que en el último año "el alquiler ha subido más de un 10 %" y la "venta sobre un 20 %". El inconveniente, señala, es que "el precio está muchas veces más especulado por el mercado que cualquier otra cosa". Esta situación provoca que, aunque los precios suban, "los pisos no siempre mejoran". La agente inmobiliaria añade que muchos de sus clientes extranjeros proceden de países con estándares de vivienda más altos. Esto crea una fricción cuando se encuentran con la realidad del mercado local. "A veces piden alquiler de 2.200 euros, aunque el piso necesita mantenimiento", lamenta. Si bien aclara que "no todos son propietarios así", admite que "lamentablemente hay gente que se aprovecha de esa situación en el mercado". A pesar de la complicación por los precios, Kate ha observado un cambio de paradigma en los últimos años. El mercado se ha vuelto "muy competitivo, rápido y más caro", pero a su vez es "más fácil alquilar a un extranjero". Explica que antes los propietarios desconfiaban de los perfiles foráneos por la falta de nómina, pero "ahora es al revés, todo el mundo quiere la gente de afuera, quiere nómadas digitales". La popularidad de Valencia, que "no para de ganar los mejores premios para vivir" por su clima y estilo de vida, es una de las razones de este cambio. La propia historia de Kate, originaria de Chernigiv (Ucrania), se conecta con la realidad de muchos de sus compatriotas . Tras la invasión rusa, de la que se han cumplido cuatro años, Valencia se convirtió en una de las provincias más acogedoras. Sin embargo, Kate ha notado un cambio en el perfil de sus clientes ucranianos. Según explica, "la gente ya no viene directamente de Ucrania, sino que se mudan de otros países europeos y buscan estabilidad a largo plazo". Este nuevo perfil ya no busca un alquiler temporal de seis meses, sino que su objetivo es "establecerse aquí, empezar la vida aquí y todo aquí". Buscan un futuro estable en la ciudad. Ante este panorama, la solución, desde el punto de vista de Kate, pasa por un cambio de mentalidad. "La clave está en que los propietarios estuvieran más implicados en el proceso de alquiler", afirma. Defiende que los inquilinos "buscan un hogar, no solo un piso", y que si se trabajara pensando más en la calidad del servicio y en la relación a largo plazo, "el mercado sería mucho más equilibrado". A su juicio, "nos hace falta a todos un poco más de realismo al día de hoy". A nivel personal, Kate admite que los primeros meses de la guerra fueron "fatal" emocionalmente. Ahora, con la situación más estabilizada, viaja a Ucrania una vez al año para ver a su familia. Esta experiencia le ha enseñado a "valorar mucho el tiempo que pasamos juntos como familia, también la estabilidad que tenemos en el día a día, y las pequeñas cosas que nos hacen felices".