Palacio La Helguera, el sueño de una interiorista que se enamoró de un palacete aristocrático escondido en Cantabria

Hay lugares desconocidos que en los viajes se atraviesan con biografías y nunca más se separan. Lo más frecuente es que ese cruce de tiempo, presencia y espacio perviva en la memoria como un recuerdo especial que los años van empolvando, pero, en unos pocos casos, se asen con tal fuerza al alma del viajero que modifican su rumbo vital y buscan la forma de ser parte activa de su vida a partir de ese momento. Esto último fue lo que le pasó a la interiorista Malales Martínez Canut cuando descubrió, en el corazón verde de Cantabria, el antiguo Palacio La Helguera. La señorial propiedad del siglo XVII le resultó inolvidable, y tras visitarla comenzó a darle forma con su marido José Antonio Revuelta a lo que primero fue una segunda residencia para su gran familia (tienen, entre los dos, ambos viudos, seis hijos) y luego se convirtió en un hotel boutique cuyo estilo y decoración rinden tributo al carácter robusto, a la vez que íntimo y reposado, del palacete, ubicado en Puente Viesgo, en plenos Valles Pasiegos . Sus dueños se esforzaron por recuperar su lustre y arquitectura original. El edificio cuenta con tres plantas, fachadas de sillería con los tradicionales escudos nobiliarios en la principal, suelos de madera de roble y olmo, techos con artesonado y una soberbia escalera de piedra en el recibidor. Lo vistieron con una exuberante combinación de textiles e iluminación moderna, junto con numerosas piezas de época y de arte . A tal punto llega la colección de muebles y objetos antiguos que Martínez Canut lo define más bien como un 'hotel-anticuario' (de hecho, los huéspedes pueden adquirir muchos de ellos si lo desean). Este estilo rococó histórico, junto con su localización apartada y discreta, han hecho que ya muchos personajes de la política o nobleza lo visiten, el más conocido el príncipe Alberto de Mónaco , quien lo conoció durante una visita a Santander hace unos años y desde entonces lo ha hecho uno de sus hoteles favoritos. Con estos antecedentes y su reforma, Palacio La Helguera entró a formar parte del distinguido sello Relais & Châteaux y tiene también su llave Michelin desde hace dos años, la única en Cantabria. Palacio La Helguera ofrece una experiencia relajada y cálida. Perfecto para parejas o un retiro en solitario, allí se va a descansar, a disfrutar del hotel (sus once suites son todas distintas , ambientadas con extremo detalle y mimo y bautizadas con los nombres de ilustres huéspedes), a comer muy bien en su restaurante y a cuidarse en su exquisito spa con vistas a los valles y piscinas infinita cubierta o exterior, sauna y hammam, gimnasio y cabina de masajes. También se puede disfrutar de sus amplios jardines, o dar un paseo o practicar deportes en la naturaleza que lo rodea. «Nuestro objetivo no es solo alojar, sino emocionar, inspirar y conectar con la esencia de Cantabria «, dice Canut, quien ha explicado que también sintió una conexión especial con esta casona cántabra porque, según se cuenta, fue construida para el Virrey del Perú a su vuelta a España (aunque nunca llegó a disfrutarla) y luego fue de la ilustre familia Ceballos, y ella misma desciende de otro virrey. Uno de los pilares del hotel es su restaurante Trastámara , que funciona en un edificio anexo y está a cargo del chef Renzo Orbegoso Hinojosa, quien fusiona la cocina cántabra tradicional con la peruana , con platos de ingredientes locales y gran sabor. Allí se sirven por la mañana los desayunos. Nada hace pensar, cuando se coge el camino que serpentea hacia arriba del pueblo, metiéndose en los prados, que allí se esconde un silencioso cinco estrellas cargado de historias.