El progresismo contemporáneo ha decidido caminar por la vida con gesto adusto, como si la sonrisa fuera una concesión ideológica peligrosa. Reír, al parecer, corre el riesgo de trivializar la causa, y la causa —siempre elevada, siempre urgente— exige gravedad litúrgica. Así, el humor queda relegado a sospecha, a territorio incómodo, casi reaccionario. La escena … Continuar leyendo "El progresismo tiene poco humor"