Estas son las críticas cinematográficas de Eduardo Casanova de los estrenos más destacados esta semana. La magnífica dirección de Fernando Trullols (La Academia, Bosé) y una solvencia técnica muy loable permiten recomendar este intenso drama donde el hombre se enfrenta a la naturaleza hostil. El cineasta catalán, que firma su primer largometraje, recrea unos hechos reales, no demasiado lejanos, que han caído en el olvido colectivo. Lo hace con unas imágenes potentes, equiparables a las de las producciones hollywoodenses del género. 30 de diciembre del año 2000. Cinco amigos se disponen a subir a la cima del Balandrau (Girona); la mayoría son expertos en esa clase de excursiones. Además, aunque haya nevado abundantemente, no parece arriesgado en absoluto; de hecho, piensan llegar al pico y regresar para comer. El sol los acompaña hasta que, en cuestión de minutos, todo cambia. Un viento salvaje desencadena una de las peores tormentas que ha azotado los Pirineos. Dos Globos de Oro, cuatro nominaciones a los Óscar y los galardones obtenidos en Cannes constituyen avales suficientes para recomendar este estreno aun sin verlo. Tras su visionado, cabe convenir que estamos ante una buena película, aunque las expectativas generadas, atendiendo a los citados reconocimientos, son superiores. Vaya por delante que el título puede resultar engañoso si se asocia con el cine de espías en el sentido clásico. Al principio parece apuntar en esta dirección, pero cuando, avanzado el metraje, destapa los secretos del protagonista, la trama se inclina hacia un sólido thriller político con trasfondo social. Brasil, 1977. En plenos carnavales Marcelo viaja hacia Recife, donde su pequeño hijo Fernando vive con sus suegros. Al llegar se hospeda en la pensión que regenta Doña Sebastiana. Allí se alojan varios refugiados como él, perseguidos por la dictadura. Los contactos que le han proporcionado le permiten entrar a trabajar en el Registro Civil, anejo a una comisaría. No tardará en saber que un par de sicarios le están buscando. LITTLE AMÉLIE El cine de animación francés demuestra su buen momento con esta pequeña joya, que acumula varios premios. Llega a las salas después del estreno de la brillante Arco, con la que guarda algunos puntos en común. Muy merecidamente, ambas competirán por el Óscar en la misma categoría. Igual que en aquella, la narración toma una tierna perspectiva infantil y realiza un recorrido por temas consustanciales a la existencia del ser humano con unas marcadas intenciones didácticas. También aquí se perciben influencias de Studio Ghibli, especialmente en las alegóricas fantasías que emergen a lo largo del filme. Amélie nace en Japón a finales de los 60. Hija de un diplomático belga, durante casi tres años se compara con Dios, limitándose a contemplar cuanto sucede alrededor. Una tarde, tras probar el chocolate blanco que le ofrece su querida abuela Claude, decide empezar a andar para sorpresa de todos y poco después pronuncia con soltura sus primeras palabras. Además, no tarda en trabar unos fuertes lazos afectivos con Nishio-san, la joven asistenta que colabora en las tareas domésticas.