Biosfera - Los estratos depositados entre 720 y 660 millones de años revelaron variaciones repetidas en periodos cortos y largos, lo que indica que el engranaje global siguió funcionando aunque la superficie parecía sellada El planeta pudo quedar cubierto por una capa de hielo de casi un kilómetro de espesor y aun así mantener focos donde la vida no desapareció del todo. Nuevas pruebas procedentes de Escocia revelan cómo la vida se aferró a la existencia en un mundo sepultado bajo un kilómetro de hielo, una circunstancia que obliga a revisar cómo se comporta el clima cuando océanos y atmósfera parecen aislados bajo una costra helada . Esa situación no se explica solo por la presencia de hielo, sino por la forma en que pequeñas áreas de agua abierta pudieron mantener intercambios de energía y nutrientes en medio de un entorno extremo. Entender ese mecanismo exige pruebas físicas que muestren qué ocurrió realmente en aquel periodo. Las rocas antiguas demostraron que el sistema atmosférico no se quedó quieto durante la glaciación Sturtian Investigadores publicaron en la revista Earth and Planetary Science Letters un estudio basado en rocas de las Garvellach Islands que identificó ciclos climáticos activos durante la glaciación Sturtian y planteó la existencia de zonas de agua libre capaces de sostener vida. El equipo analizó depósitos formados entre hace 720 y 660 millones de años, en plena primera gran glaciación global del Criogénico, y comprobó que el sistema climático no permaneció inmóvil bajo el hielo . Esos resultados encajan con la hipótesis de que la superficie marina no estuvo sellada por completo en todo momento. Las capas laminadas de sedimento funcionan como registros anuales , similares a los anillos de un árbol, porque cada estrato se deposita de forma sucesiva en el fondo de antiguos cuerpos de agua. Miles o millones de años después, esas láminas conservan señales químicas y físicas que permiten reconstruir cambios de temperatura y otras variaciones ambientales . En este caso, las rocas escocesas ofrecen un conjunto poco habitual de datos continuos para un periodo tan remoto, algo que casi no existe en el registro geológico profundo. El Criogénico llevó el frío hasta los trópicos y mantuvo temperaturas cercanas a los -50°C Entre hace 720 y 635 millones de años, durante el Criogénico, enormes masas de hielo avanzaron desde los polos hasta latitudes tropicales y las temperaturas superficiales descendieron hasta alrededor de -50°C. La superficie blanca reflejaba gran parte de la radiación solar hacia el espacio, un proceso conocido como efecto albedo , y ese reflejo ayudó a mantener el enfriamiento durante decenas de millones de años. Muchos científicos pensaban que, con un océano cubierto por una coraza de hielo de un kilómetro, el intercambio habitual entre aire y agua quedaría casi anulado y las variaciones a corto plazo del clima se reducirían al mínimo. El análisis de 2.600 láminas reveló patrones parecidos a los de El Niño en pleno mundo congelado El equipo examinó una secuencia de seis metros de espesor que contiene unas 2.600 capas individuales y aplicó análisis microscópicos y estadísticos para estudiar su ritmo de formación. Las láminas no presentaban una repetición uniforme, sino patrones que se repiten en escalas de pocos años y también en intervalos más largos. Entre ellos aparecen oscilaciones comparables a las que hoy se asocian con fenómenos como El Niño, que actualmente se repite cada dos a siete años y requiere intercambio activo entre océano y atmósfera. Detectar señales de ese tipo en un mundo casi congelado cambia la idea de un clima completamente bloqueado. Esos refugios marinos facilitaron que la vida compleja llegara viva al final de la Marinoan Para comprobar si esos ciclos podían darse con un océano totalmente helado, los investigadores recurrieron a modelos climáticos por ordenador y variaron la proporción de superficie cubierta por hielo marino. Cuando el mar aparecía sellado en su totalidad, las oscilaciones prácticamente desaparecían en las simulaciones. En cambio, bastaba con que alrededor del 15% de la superficie oceánica permaneciera libre para que el intercambio entre aire y agua reactivara patrones similares a los observados en las rocas. La comparación entre modelos y registro geológico sugiere que esos sedimentos documentan una franja de agua abierta en zonas tropicales , una especie de refugio en medio del hielo. Otras líneas de investigación apuntan también a la presencia parcial de mar sin congelar en ese intervalo, e incluso un estudio reciente propuso que el agua líquida podría persistir a -15°C si la salinidad fuera muy alta. Las capas analizadas representan unos 3.000 años dentro de una glaciación que duró millones, un episodio breve que pudo funcionar como etapa intermedia con áreas más blandas de hielo. Mantener pequeños refugios marinos habría permitido qu e organismos multicelulares sobrevivieran hasta el final de la segunda gran glaciación, la Marinoan , y que después se produjera un aumento notable de su diversidad y abundancia cuando el hielo retrocedió.