Con la llegada de los meses más calurosos, el huerto se convierte en una fuente directa de alimentos frescos. Aunque el calor es intenso, existen numerosas plantas que se desarrollan mejor con sol fuerte y días largos. Elegir bien qué sembrar es fundamental para asegurar cosechas abundantes durante el verano. Uno de los cultivos más habituales es el tomate. Necesita mucho sol y riego constante, evitando siempre el exceso de agua. Es perfecto para consumir crudo o cocinado en platos ligeros. Junto a él, el pimiento y la berenjena son opciones muy adecuadas, ya que soportan bien las altas temperaturas y producen durante varias semanas. El calabacín es otro protagonista del verano. Crece con rapidez y da frutos de manera continua, lo que permite recoger varias piezas cada semana. Además, se adapta bien tanto a huertos grandes como a macetas amplias. Entre las verduras de hoja, la lechuga de verano es una buena elección si se sitúa en una zona con algo de sombra durante las horas centrales del día. También la rúcula y las espinacas de verano permiten recolecciones rápidas y frecuentes si reciben suficiente agua. Las legumbres, como las judías verdes, son especialmente recomendables. Aportan nutrientes al suelo y producen durante gran parte del verano. Son fáciles de cuidar y adecuadas para quienes se inician en el cultivo doméstico. Las plantas aromáticas encuentran en el calor su mejor aliado. La albahaca, el romero, el tomillo y el orégano resisten bien el sol y aportan aroma y sabor a las comidas. Tenerlas cerca de la cocina facilita su uso diario en platos frescos. El riego es un factor decisivo. Conviene regar a primera hora de la mañana o al atardecer, cuando la evaporación es menor. También es recomendable cubrir el suelo con restos vegetales o paja, lo que ayuda a conservar la humedad y a proteger las raíces del calor excesivo. El suelo debe estar bien preparado antes de plantar. Añadir materia orgánica o compost mejora la estructura del terreno y permite retener mejor el agua. Durante el verano, las plantas necesitan nutrientes suficientes para crecer con fuerza y dar fruto. Otro punto importante es la siembra escalonada. Plantar en diferentes momentos garantiza cosechas continuas, evitando que toda la producción se concentre en pocos días. Esta estrategia permite aprovechar mejor el espacio y mantener una dieta variada. Plantar para comer durante los meses de más calor es posible si se eligen los cultivos adecuados. Tomates, pimientos, calabacines, judías y aromáticas forman la base de una alimentación veraniega saludable. Con una buena planificación, riego adecuado y cuidado del suelo, el huerto se convierte en un recurso ideal para disfrutar de alimentos frescos incluso en plena temporada de calor.