En medio de un sueño ligero me vino a la cabeza el rico epulón. Lo menciona Lucas en su Evangelio (16:19-31) cuando lo contrapone a un Lázaro, ahíto sólo de llagas. El evangelista llama a Lázaro por su nombre; del rico dice sólo que es epulón, comilón, dado a la buena mesa, y así ha pasado a nuestro diccionario como hombre que come y se regala mucho. Que le llamen a uno comilón, glotón o tragaldabas, pase, si lo merece; pero que le llamen epulón requiere una cierta sofisticación, antes de mentar a la madre. Desde luego, no se conoce persona bajo tal advocación en el registro civil. De existir la llamaríamos Epu, como si fuera un champú para cabellos grasos. Llamarle Pulón sería arriesgado; una simple errata, una tilde atravesada en la consonante intermedia daría pie a lamentables equívocos; más aún si el vocablo se desliza a verbenero.