La condición humana

De entre los viscosos papeles de Epstein, ese vertedero de príncipes, magnates y degenerados, emerge una nueva imagen incómoda: Stephen Hawking, rodeado de dos mujeres en bikini mientras una de ellas le sujeta un copazo. Él sonríe, pero no es la imagen del científico que lo hace después de descifrar un secreto del universo. Es una sonrisa más pícara, más peligrosa, es donde reside esta moraleja. El hombre que descifró los agujeros negros reducido a la gravedad de la condición humana. El deseo no entiende de inteligencia. No negocia con el prestigio. No hace diferencia alguna. Es una fuerza primaria, casi ridícula, que se cuela en las mentes más brillantes y que cuando entra lo contamina todo. Curiosamente, esta semana... Ver Más