La casualidad -o no- ha hecho que coincidan en la cartelera madrileña tres montajes que tienen en la muerte y la ausencia su columna vertebral. El último en llegar es, sin embargo, el primero que se estrenó: ' Ni flores, ni funeral, ni cenizas ni tantán ' vio la luz hace un año en Bilbao y lleva el sello de La dramática errante, una compañía liderada por María Goiricelaya y Ane Pikaza que, en apenas una década de existencia, ha mostrado ya la firmeza de su voz y la agitación de sus propuestas. Goiricelaya y Pikaza son, respectivamente, autora-directora y actriz en esta función, que empieza cuando a Santi le diagnostican un cáncer terminal. Él y Ane, su hija, deciden hacer entonces el Camino de Santiago. La ruta jacobea se convierte entonces en un símbolo de la vida, en un lugar en el que se aprende a morir mientras se vive, mientras se saborean esas pequeñas cosas que salpimentan nuestra existencia y que son las que, finalmente, nos llevamos. «La única certeza en la vida es que vamos a morir», se dice al principio de la obra; ante este principio incuestionable, María Goiricelaya plantea una obra luminosa, vitalista, pero sin planteamientos 'Mr. Wonderful' ni frases de autoayuda . El padre y la hija se encuentran durante el camino con historias reales de superación, de aprendizaje y de aceptación ante el hecho, inexorable, de la muerte. Todo salpicado de un humor poco ruidoso, que atenúa la gravedad de la historia que relata. El espectáculo se apoya mucho en su parte audivisual , que ilustra la andadura de los protagonistas; tiene una presencia incluso excesiva, que provoca distanciamiento -quizás sea lo que buscaba la directora- entre el escenario y el patio de butacas, aunque a medida que la función avanza -con un inesperado giro final- se va diluyendo esa sensación. La propia Ane Pikaza -una actriz radiante, con una extraordinaria capacidad expresiva- y Patxo Tellería encabezan un reparto sólido y afinado para una función naturalmente emotiva.