Crítica de 'Islas' (**): Ana Belén reluce y pone lo que falta

Hacía muchos años que la pantalla de un cine no era el mejor lugar para encontrar a Ana Belén, como si el cine y ella hubieran roto relaciones. Por eso es un acontecimiento que ahora aparezca, y como protagonista, estrella absoluta, en 'Islas' , de Marina Seresesky , directora argentina que ya ha hecho varios largometrajes en España. Y se entiende que una actriz tan selecta y selectiva haya sucumbido a la tentación de interpretar un personaje que, sobre el papel (el del guion, probablemente), tiene algunos condimentos que lo hacen muy atractivo. Es una mujer que vive su ensueño de vieja gloria del cine, que actúa con el desvarío propio de quien ha sido estrella y no admite que la realidad entorpezca su ensoñación; es seca, imperativa, impertinente, mientras que, a su alrededor, todo es decadencia y polvo reposado, como ese Hotel Paradise al que acude para celebrar una gran gala anual que ya no es ninguna de las tres cosas, ni gran ni gala ni anual. Es un personaje que, sobre el papel y bien leído, tiene destellos de aquella Norma Desmond que hizo Gloria Swanson para Billy Wilder en 'Sunset Boulevard' , pero, evidentemente, no está Wilder ni en el desarrollo del guion ni en la puesta en escena de esta historia que podría haber tenido un especial encanto. El personaje de Amparo, un buen nombre porque es lo que justamente necesita, está trabajado por Ana Belén con profundidad y el punto tragicómico preciso, aunque sus peripecias por el Hotel Paradise no colaboren precisamente con su esfuerzo por encontrar el tono. Un joven se quiere suicidar y ella pretende impedírselo, aliñado con el movimiento entre escaso y absurdo del interior del hotel, entre turistas e inmigración. Tiene algo de relevancia el personaje que interpreta Jorge Usón, un viejo admirador atrapado allí como un fantasma del Hotel Overlook de 'El resplandor', y también lo tiene algún que otro momento de escalinata, espejo y oropel, pero poco más, y es una pena porque la historia se guarda dentro algunas de las mejores líneas y sentimientos de esa mujer que solo puede ser protagonista aunque ya no haya luces. Ni el guion ni la dirección de Marina Seresesky acaban de encontrar la rima entre la comedia y el drama, ni le aportan a la esencia de la historia la grandeza suficiente para atrapar con hondura las ideas de ocaso y amanecer, pero el andamio se mantiene en pie gracias a la entrega, el color, el atractivo y tantas otras lecturas que le aporta al personaje una actriz en plena forma.