Su título original es Dalloway, que es el asistente virtual de la protagonista, pero aquí se ha cambiado, y con mucho ojo, por 'La residencIA', con las dos últimas letras en mayúscula (IA) que ya sugieren la importancia de la Inteligencia Artificial en esta película francesa dirigida por Yann Gozlan. Es un thriller dramático situado en un futuro próximo (quizá ya presente) en el que se apunta el carácter invasivo de estos sistemas que conviven con nosotros y que requieren, por ahora, el aprendizaje del ser humano para ser útiles. El argumento ocurre en un centro adaptado para artistas de vanguardia bien asistidos virtualmente para desarrollar sus obras. Y La protagonista, Clarissa (Cécile De France) es una escritora bloqueada en una novela por la reciente muerte de su hijo. La ambientación es pertinente, tan futurista como fría y aterradora, y la trama se desarrolla con notable interés, y más aún si uno tiene cierta propensión a la paranoia. Aparte de la intriga cinematográfica, que aunque bien llevada no es la sustancial, el argumento permite juguetear con algunos tópicos sobre la que se nos viene encima, esa 'comodidad' sedante que nos ofrece la tecnología y que, al tiempo, nos vigila el sentimiento y nos traduce a algoritmos. Al estar enfocado al mundo del arte o de la creación, la alternativa de ser suplantados por una máquina que pinta Las Meninas de un par de minutos, tampoco es alentador. Tal vez tenga un componente de sátira, pero lo que no tiene es ninguna gracia si no ves en ella la ficción. Ideal para conspiranoicos.