'Com vaig aprendre a conduir': un abusador se pone al volante

Febrero ha sido el mes de Paula Vogel (Washington, 1951) en la Sala Beckett. La dramaturga dirigió un taller de escritura de piezas cortas, asistió a la lectura dramatizada de 'El vals de Baltimore' (1992) -texto en memoria de su hermano fallecido de SIDA-, y al estreno español de 'Como aprendí a conducir': premio Pulitzer de 1998 y nominación al Tony en 2022. La familia de la protagonista de esta obra le llama 'Cosita' y a los once años recibirá las primeras 'caricias' de su tío Peck. Los abusos disfrazados de afecto se prolongarán hasta la mayoría de edad, cuando ella rompe la relación. Y como la familia es la familia no es extraño que las estadísticas sobre las personas que sufrieron abusos sexuales en la infancia desvelen que en ocho de cada diez casos el agresor pertenece al entorno familiar. La ruta de Vogel por las carreteras secundarias por las que transita ese coche en el que el tío Peck combina la enseñanza de la conducción y los escarceos con una menor no conduce al victimismo destilado con un discurso fatalista. Ese es uno de sus méritos: el relato se fragmenta en las edades de Cosita aderezadas con humor e insertos musicales como el 'Like a Virgin' de Madonna. Mireia Aixalà aporta verosimilitud a la joven e Ivan Benet encarna al tío que abusa de la confianza de su sobrina con un fraseo aparentemente romántico. Protagonistas bien arropados por Alba Gallén, Blai Juanet Sanagustín y Kathy Sey, secundarios que se desdoblan en los personajes del abuelo, la abuela, la madre y la tía de Cosita. El manejo del cambio de marchas anuncia, cual protocolo irónico, cada fase de la malsana educación emocional de Cosita. El montaje depara momentos hilarantes: los consejos de la madre de la protagonista (Kathy Sey) sobre cómo han de beber alcohol las mujeres para evitar la borrachera que las puede hacer vulnerables ante un amante depredador. La plasmación de la misoginia en las bromas pesadas sobre el volumen pectoral de la protagonista, tanto en el hogar familiar como en la escuela. La obra de Vogel mantiene su frescura a casi treinta años de su escritura.