''Andaluces, levantaos'', dice el Himno de Andalucía. Y en esa llamada cabe mucho más que una postal costumbrista: Andalucía no se reduce al pan con aceite, al acento o a presumir de ''cuatro apellidos andaluces''. En un momento sociopolítico atravesado por la polarización y por discursos que intentan poner fronteras a la pertenencia, la pregunta vuelve con fuerza: ¿qué significa, de verdad, ser andaluz?