Reconozco un rubor creciente sobre dos casos de información económica que incomodan particularmente. Quizá por ética o por simple derecho individual a la duda sobre su idoneidad. El primer principio es no escribir algo a sabiendas de que es falso. Ya es suficientemente complicado el mundo económico para dar veracidad a algo que se sabe incierto ya desde el minuto cero.