Marcos Vázquez no es un gurú del fitness al uso. Ingeniero de formación, comenzó su camino hacia la salud desde la adversidad: una infancia marcada por el asma, alergias severas y años de esfuerzo en el gimnasio sin resultados. Tras más de una década siguiendo los consejos convencionales —máquinas, cardio y dieta baja en grasas— su cuerpo no cambiaba. Fue entonces cuando decidió investigar por su cuenta, acudir directamente a la evidencia científica y aplicar métodos inspirados en el entrenamiento clásico y la alimentación ancestral. El resultado fue tan llamativo que decidió compartirlo. Nació así Fitness Revolucionario, hoy uno de los blogs, podcasts y canales de divulgación sobre salud más seguidos en el mundo hispanohablante. Con libros como Invicto o Sabia Mente, Vázquez ha construido una comunidad que confía en su capacidad de traducir la ciencia compleja en recomendaciones prácticas y accesibles. En su vídeo más reciente, Vázquez aborda uno de los pilares más infravalorados de la salud: el sueño. Y no solo cuánto dormimos, sino cuándo dormimos. Apoyándose en una revisión de estudios científicos, el divulgador señala que la menor mortalidad se observa en personas que se acuestan alrededor de las 11 de la noche y se despiertan entre las 6 y las 7 de la mañana. Un dato que puede sorprender a quienes creen que basta con acumular horas de sueño a cualquier hora del día. La razón, explica Vázquez, está en la biología: el cuerpo humano no está diseñado para regenerarse de forma neutra a cualquier hora. Los ritmos circadianos —el reloj interno del organismo— condicionan la calidad real del descanso. Uno de los datos más llamativos del vídeo pone en jaque a los aficionados a las noches largas. Según los estudios citados, levantarse después de las 8 de la mañana se asocia con más mortalidad que hacerlo a las 5, una conclusión que desafía la intuición popular de que "dormir más es siempre mejor". Este hallazgo conecta con investigaciones previas sobre los cronotipos: Frente a este dato, Vázquez invita a la reflexión sin caer en el alarmismo. Reconoce que podría existir causalidad inversa: quienes tienen horarios regulares suelen llevar vidas más ordenadas, con mejores hábitos de salud, y eso también influiría en los resultados. Sin embargo, el mensaje de fondo no cambia. Vázquez reconoce una realidad que afecta a millones de personas: el sueño es el pilar de la salud sobre el que tenemos menos control. A diferencia del ejercicio o la alimentación, muchos factores externos —trabajo por turnos, obligaciones familiares, viajes— impiden mantener un horario fijo. Para estos casos, propone el concepto del "sueño ancla": un bloque de horas de sueño que se mantenga constante independientemente del resto de la jornada. La idea es anclar al menos una parte del descanso a un horario predecible, preservando así parte de los beneficios de la regularidad circadiana aunque el contexto vital no sea el ideal. La divulgación de Vázquez llega en un momento en que la ciencia del sueño gana cada vez más peso en la medicina preventiva. Instituciones como la Clínica Mayo o la Harvard Medical School llevan años alertando de que la privación crónica de sueño está vinculada con enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, deterioro cognitivo y mayor riesgo de mortalidad general. Lo que aporta este nuevo vídeo es el foco en el "cuándo" más allá del "cuánto": no se trata únicamente de dormir siete u ocho horas, sino de hacerlo en sincronía con los ritmos naturales del organismo. Una distinción que, según la evidencia, puede marcar una diferencia real en la esperanza y calidad de vida. La recomendación práctica de Vázquez es clara: no hace falta obsesionarse con el minuto exacto, pero sí acercarse lo máximo posible a esa franja nocturna y, sobre todo, ser regular. En un mundo que glorifica el madrugón extremo tanto como la noche interminable, la ciencia parece apostar por un camino intermedio y constante.