El Celta no falla y reserva su asiento en octavos

Alentado por un Balaídos entregado, el Celta no se permitió titubeos y selló su presencia en el sorteo de los octavos de final de la Europa League, una ronda que alcanza por sexta vez en su historia y la primera desde 2017. Bastó un tanto del sueco Williot para validar la renta obtenida en la ida frente al PAOK, un adversario dócil que deparó una vuelta tranquila. El 1-2 cosechado en Salónica condicionó el arranque. El conjunto celeste apareció rígido, expectante en exceso ante un oponente que no exigía tanta prudencia. El PAOK aprovechó ese repliegue para alargar la eliminatoria. Suyas fueron las primeras aproximaciones, todas a balón parado, único argumento de un plan ofensivo limitado. No hubo sobresaltos mayúsculos, pero sí los suficientes para incomodar a los gallegos. A partir del minuto 20 el cuadro vigués comenzó a desperezarse. Carreira y Javi Rueda encontraron carril para proyectarse y sus incursiones desembocaron en disparos lejanos de Vecino y Aspas , ambos sin precisión. Entre medias, el Celta controlaba la pelota, la pasaba de un lado a otro del campo, a veces con una placidez exasperante. El PAOK, cómodo en su papel, aguardaba protegido por una desventaja mínima que parecía inquietar más a los locales. La entrada de Miguel Román tras el descanso imprimió otro pulso al encuentro. Más vertical, el Celta encontró espacios ante la pasividad griega. Un envío largo del centrocampista hacia Javi Rueda derivó en una ocasión clara de Borja Iglesias , cuyo disparo con efecto obligó a lucirse al guardameta heleno. Fue el aviso de lo que estaba por llegar. En la acción decisiva, Carreira activó la transición, Borja asistió de primeras y de tacón, y Williot ajustició con un remate cruzado. La secuencia confirmó que un cambio de ritmo bastaba para desarmar al rival. El gol colocó al PAOK frente a su propia impotencia. Sin plan alternativo ni respuesta anímica, evidenció que había viajado desde Grecia sin recursos para la rebelión. Con el público eufórico y el duelo bajo control, el Celta administró tiempos y energías, consciente de que la ventaja era corta en el marcador pero amplia en sensaciones. Jutglá y El Abdellaoui dispusieron de oportunidades para ampliar la renta, aunque el resultado ya no se alteró. En el horizonte asoman Olympique de Lyon o Aston Villa, los dos mejores equipos de la fase liga. La exigencia se eleva para los de Giráldez, también la ambición.