Para millones de españoles, cubrir los gastos básicos se ha convertido en un ejercicio de supervivencia, con sueldos que a menudo no superan los 1.300 euros mensuales. En el otro extremo, España cuenta con más de 1,2 millones de personas con un patrimonio superior al millón de euros. En este contexto, la consultora financiera Tamara Galimova plantea una visión que se aleja del victimismo, explicando en el videopódcast de Rompiendo Esquemas que la diferencia entre quienes llegan con dificultad a fin de mes y quienes acumulan patrimonio se debe, principalmente, al esfuerzo y la responsabilidad individual. La trayectoria de Galimova comenzó en el mundo del fitness, donde invirtió 17.000 euros en formarse como instructora de Pilates mientras trabajaba de camarera. Su polivalencia le permitió alcanzar ingresos cercanos a los 3.000 euros mensuales con solo 18 años. Un problema de salud, una rectificación cervical que le provocaba dolores intensos, la obligó a reorientar su carrera. Fue entonces cuando se adentró en la consultoría financiera, un campo en el que aplica la misma disciplina que en el deporte. Para ella, la relación con el dinero es como el entrenamiento físico: no depende de la motivación, sino de la constancia y de "repetir hábitos durante años". Galimova sostiene que "la vida está cara, pero ahorrar con un sueldo de 1.000 euros es posible por dos vías: generar más ingresos o reducir gastos de forma drástica". Para quienes eligen la segunda, el camino implica sacrificios. "Compartir piso, alejarte del centro, no viajar, no cambiar de teléfono. Si tu objetivo es jubilarte joven, a lo mejor durante cinco años te sale a cuenta pasarlo mal", afirma, y añade que para quien tiene sobre 50, es un buen momento para planificarlo. Rechaza el discurso de la queja y lo ilustra con su propia experiencia. "Yo vengo de un pueblo donde sacaba agua de un pozo y comía carne una vez a la semana. He tenido cuatro trabajos simultáneos y dormía 4 horas al día", explica. Su filosofía es directa: "Cada uno tiene lo que se merece. Si no lo tienes, es porque todavía no te lo mereces o no has hecho lo suficiente". Esta mentalidad se extiende a la educación financiera de sus hijos. Su objetivo no es dejarles una herencia monetaria, sino "formación, herramientas y mentalidad", y considera que si algún día necesitan dinero para un proyecto, es mejor que este crezca en planes de pensiones. Prefiere participar como socia en lugar de regalar el capital, fomentando así la autosuficiencia. En cuanto a la vivienda, distingue entre una casa para vivir y una para invertir. Prefiere el alquiler por la flexibilidad y el coste de oportunidad que supone no inmovilizar grandes sumas de dinero en una hipoteca a 30 años. Como inversora, busca rentabilidad en operaciones que otros descartan, como pisos de subastas, con ocupantes o para reformar, donde la clave es "comprar muy por debajo del valor de mercado".