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La desgracia de tener unos políticos incompetentes es que su mierda de decisiones acaban por amargarle la vida a la gente sin comerlo ni beberlo. Los catalanes llevan una temporada presumiendo de que su ley de vivienda es la panacea y ahora que han pasado años desde que entró en vigor se ven los resultados. No hay nada como la estadística para forzar a algunos a bajar a la tierra y compartir la realidad de los que vivimos abajo.