Tejer pequeños suéteres de lana para pingüinos heridos

A veces la humanidad se dignifica entera en un gesto pequeño, en una ternura diminuta que tiene mucho valor. Pienso en los pingüinos y en los cormoranes heridos de muerte después de un derrame de petróleo. Los pingüinos, esas graciosas criaturas que caminan como juguetes o relojes vivos que han aprendido a soportar el frío, y entonces imagino a un anciano con el cabello y las cejas muy blancas en Oceanía, el más viejo de Australia, un anciano que ha cumplido ciento y pico años y se inclina sobre sus agujas para tejerles suéteres de lana mínimos del tamaño de un suspiro.