Viejas costumbres de Cuaresma

Tras las Carnestolendas, llega la Cuaresma. Al muñeco de Carnaval sucede el símbolo cadavérico de la Vieja delgada que porta un bacalao en la mano y un cesto con verduras en la otra: signos de ayuno, abstinencia y mortificaciones carnales y espirituales del tiempo que comienza. La historia popular suministra elementos susceptibles de transformarse en alegorías sobre las que giran las fiestas, y en los que se ritualizan actitudes, cualidades y valores en un conjunto estructurado. En España perduran viejos sistemas ceremoniales de carácter antropomórfico en los que se plasma la expulsión del invierno y la instauración de la primavera. Si el Carnaval se representa como un mozo gordo que proclama el carácter dionisíaco de esta fiesta, a la Cuaresma se la ve como a una mujer larga y seca, siendo un dicho popular decir de alguien que es más largo que aquella. En la tradición iconográfíca, desde el miércoles de Ceniza se la representa ya como a una Vieja acartonada con sus flacas siete piernas que simbolizan las semanas que dura el período y que, llegado su final, es ajusticiada tan cruelmente como al propio Carnaval con su quema en efigie, siendo incluso identificada con un Judas que muere con el Cristo resucitado. «Aserrar la Vieja, la pícara pelleja» se gritaba en el Sur mientras se le iban cortando las piernas conforme pasaban las semanas.