Pobre mío

Y se desvelaron por fin los papeles, las sombras, los supuestos secretos que finalmente vinieron a confirmar que lo que sabíamos es lo que fue, solo hemos ampliado detalles, pero lo importante está siempre en los detalles. Y hablamos de nuevo del intento de golpe de estado del 23 de febrero de 1981, de Tejero, Milans, Armada, toda esa caterva de salva patrias dispuestos a ponernos otra vez la bota en el cuello por otros cuarenta años, todo ese lenguaje cuartelero, chusquero, inflamado de patria, de vivaspañas, de extraños conceptos del honor, ese lenguaje que hacía tiempo no resonaba y que de pronto vuelve como un fantasma familiar, el recuerdo de aquella tarde en la mesa camilla del pisito de mis padres, estudiando para un examen de matemáticas y oyendo la radio (siempre la radio conmigo y yo con ella), quince años sin cumplir todavía y el miedo, la angustia (éramos de esos que se llamaban ‘señalados’), la inquietud de qué pasaría, de qué nos pasaría.