Exijo una dimisión

El otro día caí en la cuenta de que llevo mucho tiempo sin pedir la dimisión de nadie. Iba por la calle pensando en la manera de mejorar mi receta de las alubias de Tolosa cuando me atacó semejante pensamiento. Me paré en seco. Parecía que mis piernas habían dimitido de su función primordial: andar. Me acordé entonces de aquella tarde de primavera de hace ya tanto tiempo en la que exigí la dimisión de un concejal, que ni siquiera sé si leyó el artículo. También rememoré aquella vez que solicité la dimisión del encargado de mi edificio, que se pasaba el día sesteando el hombre.