Intentó un golpe a la antigua usanza, anacrónico y brutal en el modo, a sabiendas de que era solo el primer acto de la obra y sin conocer todo el libreto. En términos sinfónicos le correspondía solo el primer movimiento, que debía ser brioso pero no fogoso, quedando luego la orquesta a la espera. Al írsele la mano, o el gatillo, provocando un fortissimo, arruinó el tempo previsto e hizo descarrilar la sinfonía. Más de 6 horas después de nuevo su genio -recio, castizo y refractario a las cadencias de la política- echó del Congreso a Armada, llevando al fracaso un nuevo intento de reconducir la trama. De este modo, elegido por los estrategas del golpe por su carácter decidido y rudo, ese mismo carácter resultaría determinante de su total fracaso. Cumplida la pena impuesta todo quedó saldado y en paz, algo que no puede decirse de todos los actores y promotores de la intentona.