Lo que se oculta tras el burka

En las dos últimas semanas hemos asistido a una carrera desenfrenada entre los partidos políticos españoles del espacio de centro derecha, derecha o ultraderecha para ver quién ganaba la partida en proponer la abolición por ley del burka y el niqab en nuestro país. Tres proposiciones de ley orgánica han sido presentadas en el Congreso de los Diputados, aunque una ya ha sido votada y rechazada. Cada una cuenta con matices diferenciadores, pero todas coinciden en el propósito. Pero ¿por qué ahora? ¿Acaso ha ocurrido algo en relación con el burka y la seguridad de las ciudadanas y los ciudadanos españoles en las últimas semanas? ¿Se les ha violado la dignidad y los derechos fundamentales? ¿Se ha hecho añicos nuestra convivencia entre las distintas comunidades religiosas y culturales de nuestro país? He tratado de averiguar, a través de la hemeroteca, si se había producido algún incidente grave en un lugar público o incluso privado relacionado con la presencia de alguna mujer con burka o niqab en España, y la verdad es que no he encontrado ninguno. Entonces, ¿qué se oculta detrás de estas iniciativas? La respuesta para mí es sencilla: el uso de la religión, en este caso del Islam, como instrumento político para tratar de mejorar algunas bazas políticas. Probablemente el calendario electoral en nuestro país nos ayude a entender por qué resulta urgente abrir este debate ahora, ya que algunos partidos pretenden sacar réditos de esta cuestión. Lo que no persiguen en absoluto es mejorar y consolidar la cohesión social y política de la que razonablemente goza España en estos momentos. Al leer las tres propuestas, he constatado que todas ponen énfasis en tres grandes cuestiones para legitimar su petición: la dignidad de las mujeres, la igualdad entre mujeres y hombres, y la seguridad y el orden público de nuestros espacios públicos. Además, el partido iniciador de esta polémica no pudo evitar recordar su obsesivo "choque de civilizaciones". Todavía resuenan en muchos de estos grupos las tradicionales expresiones españolas como "No hay moros en la costa" o "Santiago y cierra, España". Este grupo niega incluso las bases empíricas de nuestra "identidad", la cual, para ellos, solo es cristiana y greco-romana, ni siquiera judeocristiana. Pero, por supuesto, nada que heredar de los 8 siglos de presencia musulmana en los que científicos, filósofos y pensadores lograron que nuestro país fuese centro de desarrollo y modernidad. Por cierto, este año se conmemorarán los 900 años del nacimiento de Averroes. No sé si los ideólogos o historiadores de estos grupos conocen o reconocen la contribución de esta gran personalidad hispanomusulmana al pensamiento crítico occidental. Pero volvamos a la cuestión: si de lo que se trata es legislar mejor para garantizar la dignidad, la igualdad y la seguridad de las personas, es necesario debatir si con esta nueva legislación se lograrían esos objetivos. En cualquier caso, no se trata de abordar la cuestión a favor o en contra de una minoría religiosa o comunitaria, sino, sobre todo, de reforzar y defender los derechos...