Ocho provincias, ocho historias. Y, al ponerlas una junto a otra, aparece algo más que una suma de perfiles: una radiografía bastante nítida de la juventud andaluza que ha crecido ya en el siglo XXI. Jóvenes distintos entre sí -por origen, por acento, por oficio, por lugar de residencia- pero con puntos en común que se repiten como si fueran el mismo capítulo en libros diferentes.