Hay artistas que regresan con un golpe en la mesa. Y luego está Ptazeta, que ha decidido volver bajando el volumen. Después de 18 meses sin publicar música propia, la artista canaria rompe el silencio con Ay Amor, un tema que vió la luz el 26 de febrero de 2026 y que supone el giro más evidente de su carrera. No hay bases agresivas ni estribillos pensados para incendiar festivales. Hay guitarra, hay aire y, sobre todo, hay una voz que se permite sonar más humana que nunca. La decisión no es menor. En un ecosistema dominado por el algoritmo, donde la constancia es casi una obligación contractual, desaparecer durante año y medio es un riesgo calculado. Ptazeta venía de un 2024 intenso, marcado por el lanzamiento de su álbum GORGONA, un trabajo ambicioso de 21 canciones que consolidó su posición dentro del urbano español. Tras aquella etapa de hiperactividad creativa y presencia constante, eligió parar. Y ahora regresa con algo que, a priori, nadie esperaba: una bachata pop acústica. Ay Amor es, en apariencia, una canción pequeña. Pero solo en apariencia. La producción corre a cargo de Juacko, colaborador habitual desde sus inicios y responsable de algunos de sus primeros éxitos. Esa complicidad se nota en el enfoque: lejos de intentar replicar fórmulas pasadas, ambos optan por una instrumentación limpia, centrada en la guitarra acústica y una percusión mínima, dejando espacio para que la emoción respire. El resultado apunta a una bachata íntima, casi de madrugada, que se mueve entre el bolero contemporáneo y el pop latino. El detalle que termina de dibujar el nuevo paisaje sonoro es la participación del guitarrista Juanjo Monserrat (Joan Josep Montserrat Riutort), compositor mallorquín reconocido internacionalmente y ganador del Latin Grammy por Tacones Rojos. Su aportación no es anecdótica: la guitarra no acompaña, conduce. Marca el tono cálido y orgánico que vertebra toda la canción. Pero más allá del sonido, lo que realmente distingue esta vuelta es el mensaje. Ay Amor no habla del deseo impulsivo ni del romance tormentoso que tantas veces atraviesa el género urbano. La canción gira en torno a un amor que llega cuando ya no lo buscas, cuando has aprendido a ponerte en primer lugar y dejas de mendigar afecto. Es una narrativa de madurez emocional, poco habitual en un territorio acostumbrado a la épica del orgullo o la herida abierta. Ese desplazamiento temático no es casual. En los últimos años, Ptazeta construyó una identidad fuerte, casi blindada, apoyada en la seguridad y la actitud desafiante. Ahora parece interesada en desmontar esa armadura. La vulnerabilidad deja de ser debilidad para convertirse en declaración artística. Y ahí reside el verdadero riesgo de este lanzamiento: mostrarse sin la protección del beat contundente. También es significativo que el equipo presente Ay Amor como el inicio de una nueva etapa conceptual. No se trata de un experimento aislado, sino del primer capítulo de un ciclo creativo que irá desvelándose en las próximas semanas. La palabra clave es clara: "Amor". No como eslogan...