En los Llanos de Agaete, en Gran Canaria, la jornada de Macarena comienza mucho antes de que salga el sol. Esta quesera canaria tiene su despertador puesto a las 4:30 de la madrugada para ordeñar a sus vacas y cabras. Su historia, un testimonio de la dureza y la pasión del sector primario, ha sido dada a conocer por María Pilar Dancausa en su canal de YouTube MP DANCAUSA. Uno de los mayores dilemas que enfrenta Macarena es el de la valoración de su producto. La quesera confiesa la dificultad de fijar precios justos en el mercado local. "Cobrar aquí 40 euros por kilo de queso parece mucho, cuando fuera por una tabla te piden eso; nos cuesta poner los precios", explica, evidenciando la brecha entre el coste de producción artesanal y la percepción del consumidor. El día a día en la granja es una labor constante. Tras el ordeño matutino, Macarena se dedica a la elaboración de quesos artesanos con leche cruda, un proceso donde casi todo se hace a mano, desde el corte hasta el prensado. Este compromiso, que se extiende los 365 días del año, es una de las razones por las que afirma que, si se analiza fríamente, "la ganadería no es rentable y tendrían que cerrar todas". A pesar de que no era su sueño de niña, Macarena narra su oficio con una devoción inusual. "Me gusta la naturaleza, me gustan los animales y eso hace que no mires las horas que dedicas, sino lo que te aporta", asegura. La quesería es un legado familiar que decidió sacar adelante junto a sus hermanos y su marido tras el fallecimiento de su padre, aunque admite que es "muy complicado" que el negocio mantenga a cuatro familias. Ante la escasa rentabilidad, Macarena ha tomado decisiones estratégicas, como dejar de vender la leche para transformar toda su producción en queso, su producto de mayor valor añadido. Además, ha apostado por la innovación, creando variedades con pimentón, gofio o cayena. También ha abierto su quesería a los visitantes, no solo como una vía de ingresos, sino para educar sobre el trabajo que hay detrás de cada pieza. "Quiero que se siga manteniendo la esencia", afirma sobre estas visitas, que busca mantener personales y auténticas. El caso de Macarena no es aislado. El sector primario canario también es campo para la innovación, como demuestra Max, un joven belga afincado en Gáldar que ha impulsado un proyecto pionero de cultivo de setas en contenedores de barco reciclados, utilizando posos de café como sustrato. Su iniciativa, también destacada en el canal MP DANCAUSA, se basa en un modelo de economía circular para ofrecer un producto fresco y local durante todo el año. Max, veterinario de formación, produce variedades como la seta ostra o la melena de león y ha logrado una rentabilidad de "entre 4 y 5 euros por kilo". Aunque de momento se centra en el mercado de Gran Canaria, ya desarrolla nuevas líneas como el café de setas. Su filosofía, al igual que la de Macarena, reivindica el valor de su trabajo: "Cuando ves que tu producto tiene valor añadido porque a la gente le gusta, la satisfacción personal es mucho mayor que trabajar detrás de un portátil".