El miedo a convertirse en protagonista de un vídeo viral vacía las pistas de baile (se busca 'antídoto')

Baila como si nadie te mirara». En un mundo infestado de móviles y usuarios sin escrúpulos obsesionados con triunfar en las redes sociales, esta actitud popularizada en los años noventa por los gurús de la autoayuda está siendo desterrada de las pistas de baile. Aquel lema ha sido sustituido por este otro: «Si bailas como si nadie te mirara, un avergonzante vídeo te perseguirá el resto de tus días». La omnipresencia de los móviles en conciertos y discotecas está haciendo que mucha gente deje de bailar. Entre quienes actúan como si estos aparatos fueran una extensión de su brazo y quienes temen ser víctimas de un embarazoso y traicionero vídeo viral, las pistas de baile y los conciertos están dejando de ser espacios seguros. Artistas y DJ asisten incrédulos (o irritados) al hieratismo de sus fans, más preocupados por registrar el momento que por dejarse llevar. Bob Dylan, Beyoncé, Bruno Mars, Iron Maiden, Tom Morello, Jack White, Travis Scott, Bunbury... son algunos de los que han protagonizado desencuentros en vivo con su audiencia y que hoy incluso abogan por restringir el uso de smartphones en sus conciertos. Al fin y al cabo, debe de ser muy raro subir al escenario y, en lugar de rostros, ver una masa de teléfonos que te apuntan. Tal es la dimensión del fenómeno que clubes de Berlín, Londres, Ámsterdam, Ibiza, Nueva York... ya bloquean las cámaras con pegatinas para evitar que nadie grabe a nadie. Y las pistas vuelven a llenarse. Locales como el Pikes Ibiza o las fiestas Disco Marisco en El Molino de Barcelona están optando por esa misma solución, ablandándola: al entrar, el personal coloca una pegatina sobre las cámaras del móvil, pero permite que la gente pueda usarlo para enviar un WhatsApp de emergencia o para pedir un Uber a la salida. Si te pillan quitando la pegatina o intentando hacer una foto o grabar, te invitan a largarte. Otros recintos apuestan por las fundas Yondr, estuches de neopreno que bloquean el móvil. A la entrada este es introducido en la funda, que un encargado bloquea magnéticamente. El cliente se lleva el móvil, pero no puede sacarlo hasta que abandona el local. No se trata, en todo caso, de un rechazo al smartphone , sino de poner límites a cuándo, dónde y cómo usarlo. La espontaneidad y el baile tienen demasiados efectos positivos en las emociones y las relaciones como para dejar que se conviertan en un añorado recuerdo del pasado.