El historiador Juan Carlos Moreno, de la asociación Sancho Ramírez, ha arrojado nueva luz sobre el origen real de uno de los edificios más emblemáticos de Jaca: la conocida como Torre de la Cárcel o torre del reloj. Según ha desvelado, su construcción, iniciada en el año 1445 y con un coste de 24.000 sueldos, no respondió a una necesidad defensiva, sino a motivaciones mucho más pragmáticas y ligadas al poder económico de la época. La primera pregunta que surge es por qué se edificó una torre de tales características dentro de una ciudad amurallada y bien defendida como Jaca. Moreno ha explicado varias hipótesis que justifican esta aparente incongruencia. Por un lado, la protección contra los frecuentes incendios de la época, ya que las construcciones de piedra ofrecían una seguridad que la madera no garantizaba. Por otro, la peligrosidad social generada por los bandoleros, que actuaban tanto fuera como dentro de las murallas. A estas razones se suma un factor de prestigio: la soberbia de los nobles y prohombres de la ciudad, que veían en estas construcciones una forma de demostrar su poderío. Juan Carlos Moreno establece un paralelismo con la ciudad de Bolonia, en Italia, que llegó a tener tantas torres señoriales que un cronista británico afirmó que "eso parecía un campo de espárragos". Como referencia, la torre Assinelli de Bolonia alcanza los 96 metros, mientras que la de Jaca mide 23. Sin embargo, la revelación más sorprendente es que la torre pudo funcionar como un almacén de mercancías. Esta nueva teoría se apoya en la figura de Arnaut de Lasala, un importante mercader de Jaca que en 1445 donó 100 sueldos para la edificación. De la Sala era un importador de elementos de lujo, como vestidos de Flandes, candelabros de latón, espejos o galochas, artículos que necesitaban un lugar seguro para su almacenaje, lejos del alcance de los ladrones. Esta función comercial se ve reforzada por los siguientes propietarios de la torre. Apenas 15 años después de su construcción, en 1460, la torre ya pertenecía a la familia Loriz, quienes, curiosamente, también eran mercaderes. Esta familia mantuvo la propiedad durante, al menos, 56 años, consolidando el posible uso de la torre como un centro logístico para sus negocios. La historia de la torre da un vuelco en 1516, cuando Juan Loriz la vende por 2.000 sueldos a Miguel Ximénez Aragüés, conocido como el Merino. El bajo precio de la transacción, muy inferior a su coste original, sugiere que la venta pudo ser parte de la dote de una boda o la compensación de una deuda. "Nos moriremos de viejos y me parece que nunca lo sabremos", ha comentado Moreno sobre este misterio. Finalmente, en 1599, un descendiente del Merino vende la torre al ayuntamiento por 11.000 sueldos. Es a partir de entonces cuando el edificio se destina a la función de cárcel, uso por el que ha sido conocida durante siglos. Ya en 1600, el capitán general de Aragón ordenó que el baile de la ciudad se hiciera cargo de la custodia de los presos. Esta transición no estuvo exenta de conflictos, como demuestra una anécdota de la época en la que el baile, enfadado con el carcelero, le arrojó las llaves sobre un banco y le dijo: "ahí te lo quedas tú, haz lo que te dé la gana, ya te las apañas". Un episodio que refleja las tensiones que rodearon los primeros días de la nueva cárcel de Jaca, cuyo futuro uso como torre del reloj se abordará más adelante.