El panorama del robo de vehículos en España ha alcanzado una preocupante estabilidad en cifras críticas, cerrando el año 2025 con un total de 33.032 sustracciones según los últimos datos del Ministerio del Interior. Esta cifra, que supone un ligerísimo incremento del 0,2% respecto al ejercicio anterior, se traduce en una realidad cotidiana alarmante en la que, de media, 90 automóviles desaparecen cada jornada en el territorio nacional. Aunque la estadística general parece estancada, el análisis detallado por territorios revela una concentración masiva del delito en las grandes áreas metropolitanas, dibujando un mapa de riesgos muy definido donde la densidad de población y el valor del parque automovilístico dictan la actividad de las redes organizadas. La hegemonía delictiva en este sector sigue perteneciendo indiscutiblemente a Madrid y Barcelona, ciudades que actúan como imanes para el crimen especializado debido a su infraestructura logística y la abundancia de modelos de alta gama. En la Comunidad de Madrid se contabilizaron 6.982 robos durante el pasado año, lo que representa más del 21% de la actividad nacional. Por su parte, la provincia de Barcelona no se queda atrás con 6.941 incidentes registrados, consolidando junto a la capital un eje donde se producen cuatro de cada diez robos del país. Esta saturación en los dos grandes núcleos urbanos refleja una profesionalización del sector, donde el objetivo principal es la exportación rápida de piezas o vehículos completos a través de rutas internacionales. Sin embargo, el foco de atención este año se ha desplazado hacia el sur, concretamente a Sevilla, que ha protagonizado uno de los ascensos más bruscos de la estadística nacional. Con 2.080 vehículos sustraídos, la provincia sevillana ha experimentado un repunte del 20,6%, situándose como el tercer punto negro de España y liderando el crecimiento en Andalucía, región que en su conjunto también ha visto subir sus cifras hasta los 6.324 robos. A este podio de inseguridad vial le siguen muy de cerca Málaga y Valencia, ambas superando la barrera de las 1.700 sustracciones anuales, lo que confirma que el arco mediterráneo y las zonas de alta actividad turística siguen siendo objetivos preferentes para las bandas. Más allá de las grandes capitales, el informe destaca tendencias emergentes en el norte de la península que rompen con la estabilidad de años anteriores. El caso de Álava es especialmente llamativo, ya que ha registrado el mayor incremento porcentual de todo el país con una subida del 64,2%. Este dato, sumado al crecimiento en Navarra y el resto del País Vasco, sugiere un desplazamiento de las bandas hacia provincias con menor vigilancia histórica pero con infraestructuras de transporte rápidas hacia la frontera francesa. Mientras tanto, zonas tradicionalmente conflictivas como Palma de Mallorca han logrado reducir su incidencia en casi un 10%, demostrando que la presión policial y tecnológica puede alterar la geografía del robo. Ante este escenario de 33.000 incidentes anuales, los expertos de LoJack Iberia señalan que el método del robo ha evolucionado hacia técnicas digitales que eluden los sistemas de seguridad convencionales. José Ignacio Rubio, director general de la compañía, insiste en que en ciudades de alto riesgo como Madrid o Sevilla, la prevención ya no es suficiente si no va acompañada de sistemas de recuperación que permitan localizar los activos incluso en situaciones de ocultamiento extremo, como contenedores metálicos o parkings subterráneos. La estabilidad de estas cifras, que se han mantenido en niveles similares durante los últimos cinco años, sugiere que el robo de coches se ha convertido en un problema estructural en las principales metrópolis españolas que requiere una respuesta tecnológica y policial coordinada.