La inspiradora historia del cantante Besay Pérez: un infarto con 30 años le llevó a adelgazar 75 kilos en un año y redescubrir la vida

La historia de Besay Pérez es la crónica de una transformación radical, un relato de superación que va más allá de la estética para convertirse en una lección de vida. El conocido cantante tinerfeño, cuyo cambio físico ha sido presenciado por miles de seguidores, ha logrado perder 75 kilos, una cifra que refleja no solo un cambio de imagen, sino una batalla ganada por su salud. Su caso personal, contado en el programa Herrera en COPE Tenerife, pone rostro a una problemática que afecta gravemente al archipiélago. Canarias lidera las cifras de obesidad en España, con casi un 21% de los adultos afectados frente al 15% de la media nacional y tasas de obesidad infantil que alcanzan el 20%. La popularidad de Besay se disparó tras su paso por el programa de televisión La Voz, pero detrás del éxito artístico se escondía una realidad preocupante. Una vida de excesos, comidas a deshoras y un ritmo frenético propio del mundo del espectáculo minaron su salud hasta que su cuerpo dijo basta. El punto de inflexión llegó de la forma más abrupta posible, un día cualquiera mientras comía con amigos en el conocido restaurante Casa Tomás. “Me dio un infarto, Guillermo, esa es la realidad”, confesaba el artista. Este episodio fue la culminación de “años de exceso, de comer mucho, de comer mal, de comer a destiempo”. La rutina del artista le empujaba a soluciones rápidas y poco saludables. “Sales a las 12 o a las 12 y media de un acto, ¿y dónde comes? Pues vas al McDonald's, vas a comerte una hamburguesa, vas a comerte algo rápido”, explica. El susto fue el catalizador que necesitaba para tomar conciencia de su estado. “Empecé a recapacitar, que con 30 años no me podía dar un infarto”, afirma. Antes del incidente, su condición física era alarmante. Actos cotidianos como atarse los cordones de los zapatos o caminar durante un breve periodo de tiempo se habían convertido en un suplicio. “No podía atarme los tenis, no podía estar un minuto caminando”, recuerda. Aquel evento traumático se convirtió en el motor de un cambio que, como él mismo describe, ha sido un proceso largo y complejo, pero que le ha devuelto la calidad de vida. Cuando se le pregunta por la fórmula de su éxito, Besay Pérez revela que la clave fue una combinación de ayuno intermitente y ejercicio físico constante en ayunas. Sin embargo, su principal cambio fue mental, desmontando la excusa que a menudo se interpone en el camino hacia una vida saludable. “Sí hay tiempo para comer bien, lo que hay que tener es tiempo para querer hacerlo”, sentencia el cantante, rebatiendo el discurso del “no tengo tiempo” que él mismo se aplicó durante años. Su nueva rutina implicaba una planificación exhaustiva de sus comidas. “Yo ahora mismo tengo una Thermomix, por así decirlo, hago un potaje para 3 días, hago unas verduras guisadas y al final organizo la comida de la semana el domingo”, detalla. En cuanto al ejercicio, su método era sencillo pero efectivo: “Yo salía poco a poco por la mañana a caminar, muy temprano, por La Laguna, subía a la Mesa Mota, bajaba, y me hacía unos cuantos kilómetros”. No necesitó gimnasios ni rutinas de fuerza, solo la constancia de caminar a diario. La disciplina se extendió a todos los ámbitos de su vida, incluyendo su ajetreada agenda de actuaciones y viajes, por ejemplo, con el grupo Los Sabandeños. “Tenía unos táper en el que me ponía unas tortillas de arroz, unos huevos revueltos, y me los llevaba. Los chicos de Los Sabandeños te lo pueden decir perfectamente, que me veían ya con el táper, y ellos se iban a comer y yo me quedaba en el camerino a comer mi comida”, relata. Este compromiso le obligó a sacrificar parte de su vida social, renunciando temporalmente a planes como irse de guachinche o tomar unos vinos. El camino no fue fácil y estuvo lleno de retos psicológicos. La motivación inicial, según cuenta, era ver los resultados en la báscula: “Esa es la gasolina para seguir, cuando ves que vas perdiendo kilos”. Sin embargo, el verdadero cambio de mentalidad llegó de su experiencia cercana a la muerte. “Cuando uno se ve cerca de morirse o cerca de pasarlo muy mal, creo que a uno le cambia el chip”, reflexiona. Tras una pérdida de peso tan drástica en poco más de un año, Besay se enfrentó a nuevas realidades. Una de ellas fue el exceso de piel, que le llevó a someterse a una operación en la que le retiraron entre cuatro y cinco kilos de piel colgando. Ahora, su lucha es diferente. Está en manos de profesionales para cultivar una “relación sana con la comida” y combatir el miedo a los temidos “efectos rebote”. El desafío actual es el mantenimiento, una fase que considera más difícil porque el objetivo ya no es tan visible como antes. “Antes era bajar  de una 2XL a una XL, de una XL a una L, y al final vas viendo el proceso y te vas motivando. Lo difícil es ahora, que dices, ‘bueno, pues, lo conseguí y ya me relajo’”, admite. A pesar de los miedos y la lucha constante, tiene claro que no volverá a su estado anterior. Los beneficios son infinitos: “No roncaba, no dormía bien, no me servía la ropa, me asfixiaba cantando… al final, ahora hay un cambio muy abismal”. Para quienes se encuentran en una situación similar, su mensaje es claro y contundente: “Que se ponga en manos de profesionales, sin duda”. Desaconseja las “pastillas milagrosas” y subraya que cada persona necesita un enfoque adaptado. Aunque a él le funcionó el ayuno intermitente, entiende que “a otra persona, pues a lo mejor le hace solo falta ir a caminar”. Su historia es una prueba de que, con el objetivo claro, constancia y la ayuda adecuada, “se puede conseguir”.