"Hacemos fuego con plástico y bebemos té sin azúcar. Algún día moriremos por aspirar el humo". Mohamed y su esposa están preparando algo de beber frente a su tienda de campaña. Plantada sobre uno de los miles de tejados repletos de escombros que componen la actual postal de la Franja de Gaza. Un tejado que da a una ciudad derruida, gris e impregnada de polvo y dolor. A una ciudad que antes, pese al bloqueo y los ataques intermitentes del Ejército israelí, gozaba de hospitales, universidades y vida, y que se había convertido en una excepción indescriptible. Pero ahora esa ciudad del enclave palestino, donde Mohamed aparece bebiéndose un té sin azucar, es un cúmulo de ruinas.