La firma de Sam Altman capta otros 110.000 millones de dólares para financiar su despliegue tecnológico y asegurar el suministro de chips de sus propios socios en un momento de dudas generalizadas sobre la rentabilidad de la IA Las inversiones disparadas y la falta de retornos activan la cuenta atrás de la burbuja de la IA OpenAI ha anunciado este viernes una histórica ronda de financiación histórica de 110.000 millones de dólares (93.000 millones de euros) que sitúa su valoración en los 730.000 millones. La operación está liderada por Amazon, con una aportación de 50.000 millones, seguida por SoftBank y Nvidia, con 30.000 millones cada una. Esta cifra consolida a la firma de Sam Altman como la tecnológica que no cotiza en bolsa más valiosa del mundo, superando las estimaciones previas que la situaban en torno a los 500.000 millones de dólares. El movimiento se produce en un momento de máxima tensión financiera para el sector, con los líderes tecnológicos justificando inversiones masivas que todavía no ofrecen retornos claros y que los mercados están empezando a penalizar. En el centro de estas dudas se coloca precisamente OpenAI, que ha comprometido más de un billón de euros hasta 2033 de gasto en capacidad de computación a pesar de que sus ingresos no llegan aún a los 15.000 millones anuales. “La IA se va a implementar en todas partes. Está transformando la economía, y el mundo necesita una gran capacidad de computación colectiva para satisfacer la demanda”, ha declarado a la cadena CNBC Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, que se ha mostrado “entusiasmado” con el acuerdo. Con todo, la nueva alianza con Nvidia y Amazon refuerza una estructura que muchos analistas asocian con las inversiones circulares que llevaron al colapso a la burbuja de las puntocom. Entonces, muchas jóvenes empresas digitales se invertían dinero entre sí o compraban servicios y publicidad unas a otras con acciones en lugar de efectivo. El mecanismo inflaba artificialmente sus ingresos y valoraciones, creando crecimiento en papel sin que entrara dinero real en el sistema. Ahora, OpenAI afronta pérdidas masivas y no tiene un modelo de negocio claro, mientras sigue recibiendo dinero a cambio de utilizar los productos de sus inversores para impulsar su IA. De esta forma, como parte de la alianza estratégica con Amazon, OpenAI integrará sus servicios en Amazon Bedrock y utilizará los chips personalizados Trainium. Asimismo, AWS se convertirá en el proveedor exclusivo de nube para “OpenAI Frontier”, una plataforma orientada a la gestión de agentes de inteligencia artificial para organizaciones. En paralelo, el acuerdo con Nvidia garantiza a OpenAI el acceso a los chips de última generación que han hecho de esta compañía la más valiosa en bolsa del planeta. 900 millones de usuarios y un futuro publicitario OpenAI ha aprovechado el anuncio para revelar que ChatGPT ya supera los 900 millones de usuarios semanales y cuenta con más de 50 millones de suscriptores de pago. En el sector profesional, más de 9 millones de usuarios empresariales utilizan la plataforma, mientras que Codex, su herramienta para desarrolladores, ha triplicado su base de usuarios hasta los 1,6 millones semanales. Aunque ChatGPT es una de las herramientas digitales de más rápida adopción de la historia, las cifras siguen lejos de las que reflejan aplicaciones como Facebook (3.000 millones de usuarios), Instagram (2.500 millones) o TikTok (1.600 millones). En este contexto de presión para encontrar nuevas vías de ingresos, la compañía ha confirmado que incluirá anuncios en ChatGPT en los próximos meses, un giro significativo respecto a su discurso inicial, cuando calificaba la publicidad como “el último recurso”. El movimiento abre la puerta a que las conversaciones mantenidas con la IA se conviertan en una fuente de datos de alto valor para el perfilado publicitario, mediante el análisis del comportamiento digital y la inferencia de intereses personales. Ese tipo de información puede incluir datos sobre salud, ideología o circunstancias personales que cuentan con una protección reforzada en el Reglamento General de Protección de Datos europeo, pero que los chatbots pueden extraer fácilmente del contexto conversacional y del análisis de patrones. Expertos en privacidad advierten además de que este conocimiento no solo permitiría personalizar anuncios, sino también adaptar las respuestas del sistema para agradar o incluso persuadir al usuario en determinado sentido, desdibujando la frontera entre recomendación y manipulación.