La campaña electoral en Castilla y León abre un período de discursos, confrontaciones y negociaciones de extrema relevancia. Todo lo que pase hasta la jornada de reflexión irá perfilando un mapa electoral en el que, a pesar las posiciones de partida, pudiera haber algunas sorpresas. Los sondeos que circulan hablan de un posible aumento de apoyos al PP y de un cierto descenso en los apoyos a VOX. El PSOE podría mantenerse estable, aunque algunos hablan de empate técnico con el PP, mientras que Podemos iría en franco retroceso, Sumar podría mantenerse y los regionalistas no sufrirían grandes cambios. El mapa está abierto a la espera de lo que suceda el domingo 15 de marzo, porque en democracia, a pesar de las llamadas a echar a los adversarios o a frenar a estos o a aquellos, son los ciudadanos quienes deciden quién se va y quién se queda. Son los ciudadanos quienes decidirán con qué aritmética parlamentaria es posible constituir un gobierno estable. Los candidatos deberían medir sus palabras y permanecer atentos para escuchar las demandas ciudadanas y no construir discursos impostados que nada tienen que ver con la realidad. Claro que eso exige políticos serios y conscientes de que a las elecciones no se concurre ni para defender intereses particulares ni para airear fobias, sino para promover el bien común. Y si esto requiere acuerdos, que siempre los requiere, de la clase política se espera que los haga posibles sin dogmatismos que nada tienen que ver con las necesidades de la sociedad.