La intrahistoria de elegir un trofeo para la F1

En la Fórmula 1 no se habla de los trofeos, su simbolismo, su origen, su temática. Se habla siempre del ganador de la carrera, de sus estadísticas, de la repercusión de su éxito. Es el precio de la victoria, el principal argumento del deporte. El último premio que adquirió notoriedad fue un hermoso jarrón de porcelana que Lando Norris destrozó involuntariamente. Los organizadores de Madring, la carrera que se celebrará en Madrid el 13 de septiembre, no querían que su obra durmiese en el anonimato. La pieza en cuestión que designa al ganador de la carrera en Hungría se hizo célebre después de partirse por el golpe en el estrado de Lando Norris con la botella de champán. Era una obra de porcelana hecha a mano después de seis meses de trabajo por un artesano magiar y valorada en 30.000 euros. Las redes sociales se llenaron de memes con el piloto de McLaren destrozando todos los trofeos habidos y por haber en la Fórmula 1 de la forma más variopinta y singular. En realidad, los trofeos en el automovilismo nada tienen que ver con la Fórmula 1. El que se entrega al ganador de las 500 Millas de Indianápolis es el icónico Borg-Warner, fabricado en plata esterlina, que mide 1,63 metros de altura y pesa 50 kilos. Tiene la particularidad de que en él se esculpe el rostro en relieve de cada piloto ganador de la carrera. Su valor estimado es de 3 millones. El vencedor de las 24 Horas de Le Mans no solo recibe un trofeo físico, sino también otro más codiciado: un reloj de lujo Rolex. El galardón es una pieza de bronce de doble columna y gran tamaño (1,50 m de altura) y que no se la pueden quedar en propiedad los vencedores. Solo si una marca gana tres veces consecutivas adquiere el derecho de quedárselo de forma permanente. Los organizadores del Gran Premio de Madrid se inspiraron en una de las ferias más célebres de Ifema: ARCO. Y decidieron instituir un concurso internacional para elegir el trofeo para su carrera, según unas bases específicas. Al concurso se presentaron catorce propuestas de ámbito internacional y en el proceso selectivo quedaron tres finalistas: 'Regnatrix Aurea', de la diseñadora Sandra Val, madrileña que investiga la relación entre arquitecturas de culto y poder, trabaja con cerámica, metal y técnicas tradicionales combinadas con estrategias contemporáneas y cuya obra se ha mostrado en ARCO, CentroCentro, Museo Nacional de Cerámica y otras instituciones nacionales e internacionales. El segundo fue 'Monumental', el elegido como ganador, que traduce a forma escultórica la curva Monumental del circuito, una peraltada de alta velocidad que define el carácter del trazado. Según sus autores, el estudio italiano Pininfarina, «la silueta completa del trazado fluye a lo largo de la curva, reforzando la sensación de movimiento incluso en reposo». Y el tercer galardón fue 'Trofeo GP Madrid', de Laura Talaya, una diseñadora especializada en materiales reciclados y procesos de bajo impacto. El trofeo simbolizaba la noción de centralidad: Madrid como eje del campeonato con una forma monolítica, continua y sobria. La deliberación que desembocó en la elección de 'Monumental' correspondió a un jurado compuesto por el doble campeón del mundo de rallys Carlos Sainz, el director del Museo Thyssen, Guillermo Solana; la directiva de la Fórmula 1 Louise Young; el director de cultura y educación de Ifema Gonzalo Cabrera; y la diseñadora y arquitecta Teresa Sapey. La intención de la dirección del Gran Premio de Madrid es convocar un concurso cada año para elegir el trofeo, implicar a la gente del arte, saltar algunas barreras que a veces parecen inherentes al deporte y dar oportunidades a los diseñadores jóvenes.