Vini, vidi... City

La Casa del Fútbol Europeo en Nyon, Suiza, es el Punxsutawney, Pensilvania, de la marmota Champions , con Butragueño, que es nuestro Bill Murray, chapoteando en el bucle temporal del Manchester City, que debe toda su fama, no a las orejonas ganadas, sino a las eliminatorias con el Real Madrid. Si al salir del bombo la bolita «ve su sombra» porque el día es soleado y se mete de nuevo en el bombo, ello significa que el invierno durará seis semanas más. Y si al salir del bombo la bolita no ve su sombra porque el día está nublado, abandona definitivamente el calor del bombo (¿bolitas calientes?), y ello significa que el invierno ha terminado; vamos, que llega la primavera, y el Real Madrid, decía don Santiago Bernabéu, es ganar en primavera. Real Madrid-Manchester City, y a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga. El piperío camastrón, que todavía guarda luto por el proyecto de Xabi, que quiso imponer el tiquitaca de zorcico en la Castellana, es pesimista, y no se ve ganando a nadie con el equipo de Arbeloa, poniendo al tronco de Haaland por delante de los dos mejores atacantes del mundo, Vinicius y Mbappé. El piperío camastrón se sienta en la terracita ayusera a echar cuentas: no tenemos laterales, no tenemos centrales, no tenemos director de juego, no tenemos extremo derecho y tampoco tenemos delantero centro, porque Gonzalo, el descubrimiento de Xabi, es bastante tronco, y Endrick, al ser brasileño, no gustaba al Guardiola de Tolosa y tuvo que irse a las chimbambas, a donde el técnico también quería enviar a Vinicius, que es quien luego nos ha salvado (con Courtois) la eliminatoria del Benfica de Prestiani, ese duendecillo de leyenda escandinava por el que acabaría 'suicidándose', quién nos lo iba a decir, Mourinho, cuya historia con el madridismo merecía mejor final (hasta su fiel John Obi Mikel se sintió decepcionado con el portugués). Por cierto, que, a efectos estadísticos, Vinicius aprovechó la ocasión para ser el primer futbolista en marcar en los dos partidos de una eliminatoria de Liga de Campeones contra un equipo de Mourinho, que en Lisboa se autoexpulsó del banquillo y en Madrid se negó a ver el partido en un palco del Bernabéu, en cuyo córner repitió Vinicius el bailón del Estádio da Luz que según los nuevos antropólogos desató la tormenta racista. Tú me llamas, amor, yo cojo un taxi («cruzo la desmedida realidad / de febrero por verte»), decían los poetas de la experiencia, pero si tú me bailas en el córner, cruzo la desmedida realidad humana y te llamo «mono», dicen los lindos don diegos del post humanismo. Para ser un jugador que el piperío camastrón quiere vender para comprarse a Rodri, los números redondos de Vinicius en Champions parecen sobrehumanos: treinta y dos goles, treinta asistencias y dos títulos en setenta y ocho partidos, aparte su participación directa en sesenta y dos goles. Todo esto contra el parecer del Homero del Negreirato, a quien no le cae bien Vinicius, y grita «¡piscinazo!» cada vez que lo derriban, como la otra noche cuando la entrada de Otamendi en el área; en la misma noche que al imperial Rudiger llamaba… Reiziger, que ya es llamar, sobre todo la atención del inconsciente. El equipo no juega a nada y la vuelta con el City es en Manchester, repiten los piperos . Bueno, el equipo no toca, sino que acarrea el balón. Y si miras al banquillo, mejor no haces cambios. Aunque, bien mirado, ¿quién es el City? Como decía un tuitero, Febre, antes del sorteo «Groundhog Day» en Nyon, con el City ya no hay ni cosquilleo en el estómago. –A este paso, a Haaland no va a hacer falta ficharlo. Juega más en el Bernabéu que Mendy. En cuanto a la vuelta en Manchester, tampoco hay que llamarse andana, considerando la afición que tenemos: el miércoles, cuatro gatos portugueses en un rincón del estadio metían más ruido pitando a Vinicius que los Kikos de Argüello cantando el 'Cómo no te voy a querer'. Y cuando no hay forasteros, de pitar a Vinicius ya se encargan los tribuneros. El alemán Klose confiesa haber dejado de jugar al fútbol «porque ya no lo reconocía». Dicho queda. Vini, vidi… y venci (¡con la gorra!) al City.