Cada día, a la hora de la merienda, almuerzo y cena, se sentaban alrededor de la mesa, y tanto el gato como el perro cuidaban bien de ponerse de bajo de ella. Entonces Pere se sacaba el anillo mágico y le decía que sacase ahí en medio esto y lo otro. Y en el acto, lo pedido, salía, y ya podéis creer que nunca salían habas o pan de mestall (esa mezcla que se hace con harina de trigo, salvado y cebada) o cuatro higos secos llenos de salicón, o aceitunas con gorgojos, porque Pere andaba muy alerta a lo que pedía, fueran huevos fritos (a la mallorquina), tortillas de huevos con tocino y sobrassada, arroz con pajaritos o pollo, escaldums de cordero y de buey, capones rellenos, cochinillo asado, sobrassada con miel, lomo y botifarrones tostados…».