Tradicionalmente, un niño vivía inmerso en el mundo de la fantasía hasta los 7 u 8 años, cuando superaba la etapa de los cuentos de hadas y entraba en la edad en la que distingue perfectamente lo real de lo imaginario, aunque siga sintiendo fascinación por personajes de ficción o figuras mágicas arraigadas en la tradición. Hoy, ignoro si por fallas en el sistema educativo, porque los padres apenas prestan atención a sus hijos o porque el papel de la familia lo han asumido las pantallas, existen niños del primer mundo a los que hay que sostener en pie la estafa de Papá Noel y los Reyes Magos hasta superados los doce años.