El mono Punch o por qué abrazar un peluche cuando no hay madre: «Es un estímulo primario»

Sin madre biológica ni adoptiva a la que recurrir, y rechazado por el grupo, el pequeño mono Punch ha tenido que refugiarse en un peluche con forma de orangután. La naturaleza también puede ser áspera en el zoo de la ciudad de Ichikawa, a las afueras de Tokio. «Tiene sentido a nivel evolutivo, porque las madres de mono tienen esta textura», explica el primatólogo Josep Call, de la Universidad de Saint Andrews (Escocia), sobre el caso del macaco japonés de siete meses que fue rechazado por su madre y que ahora ha despertado una ola de simpatía global en las redes sociales. Punch no es el primer primate en aferrarse a un peluche cuando faltan los cuidados de una madre. Los monos necesitan no solo un sustento físico básico, sino una 'nutrición emocional' basada en cuidados. Lo demostró en los años 50 un experimento que dio a elegir a un grupo de monos rhesus recién nacidos entre un muñeco de felpa, suave y cálido pero sin comida; y una figura de alambre, fría y desagradable, pero que ofrecía alimentación. Era una elección entre el confort emocional y la supervivencia física. Y los mono siempre prefirieron el peluche, pasando más tiempo con la 'madre' artificial blandita aunque no les amamantara. Ese experimento cambió las teorías de apego de la época, ya que hasta entonces se pensaba que los bebés establecían vínculos afectivos en función de quién satisface sus necesidades biológicas, como la alimentación y el refugio, explica Mark Nielsen, profesor de Psicología en la Universidad de Queensland (Australia), en un artículo en 'The Conversation' . El autor de ese estudio clásico, Harry Harlow, demostró que el vínculo entre padres e hijos es crucial para el desarrollo infantil. Y que ese vínculo se basa en los cuidados, la amabilidad y la atención al niño. «El primate pequeño va a buscar abrazarse», cuenta Call. «Es un estímulo muy primario. Se ve muchas veces que en las crías pequeñas de primate un peluche funciona muy bien a nivel de apego e incluso una toalla». El calor del objeto ayuda a formar ese vínculo, pero también hay aspectos emocionales. Da seguridad a los macacos frente a los peligros y les protege de las inclemencias del tiempo. «Los monos no construyen nidos», recuerda Call, así que cuando llueve o cuando hace mucho sol y están en medio de la estepa, solo la madre protege a las crías de la meteorología. «Les permite la termorregulación», explica el experto. Un peluche puede evocar esas funciones. Actúa de forma similar a un chupete en los seres humanos, que es un sustituto del pezón. En los bebés, aferrarse al pecho de una madre conlleva, además de alimento, calor, caricias y cuidados emocionales. Por eso a veces el chupete es suficiente para evocar todo el conjunto y calmar al niño, apunta Call. «En el caso del mono, puede hacer lo mismo. Agarrarse a esta figura que le da calorcito y que tiene una función desestresante», cuenta el experto. Se ha visto, de hecho, cómo en momentos de estrés Punch corre a abrazarse al peluche. El macaco japonés encuentra en él un «confort de contacto» que le permite sentirse seguro para explorar su entorno. Punch usará el peluche mientras sea una cría. Después, lo previsible es que se vaya independizando poco a poco, igual que haría con una madre biológica. Un proceso que en caso de grandes simios puede durar hasta los dos o tres años, mientras que en primates más pequeños no llega al año. El rechazo de una hembra a su cría no es raro entre primates e incluso en otras especies. «Hay variaciones importantes en la conducta maternal», explica el primatólogo. Hay progenitoras muy protectoras y otras que no lo son. Existen, incluso, madres de carácter «abusivo». En el zoo de Ichikawa especulan con que las condiciones de la madre de Punch, primípara ya en edad avanzada, junto con el calor del verano, pudieron influir en el rechazo a su cría. En otras especies, la presencia de nuevos machos en la manada, la necesidad de reactivar el ciclo reproductivo o señales olfativas que indiquen la presencia de terceros son detonantes para el rechazo de los retoños. En cualquier caso, desde el punto de vista evolutivo, la repulsa a una cría es un drama, ya que reduce significativamente la probabilidad de supervivencia de los ejemplares. Los primeros acercamientos de Punch al grupo han sido desafortunados. El mono ha sido grabado varias veces agarrando su peluche tras ser perseguido o empujado por otros ejemplares adultos. Los macacos son bastante «difíciles y agresivos», apunta Call, y aunque los macacos japoneses no son los más agresivos de la familia, están en «la medalla de plata» de la agresividad. «Lo que hemos visto sucede con madre y sin madre», apunta el experto. Otros vídeos posteriores han mostrado al mono siendo acicalado y consolado. Por eso hay esperanza de que el macaco japonés se desarrolle con normalidad y se integre en la comunidad. «No creo que su integración sea ningún problema. Es un jovencito independiente que se mueve para arriba y abajo», opina el primatólogo. Según crezca, establecerá vínculos afectivos y emocionales primero con sus compañeros de juego y luego con los adultos. Incluso todavía podría ocurrir que alguna hembra o incluso macho del grupo 'adopte' a Punch y lo cuide.