Comprar a plazos, una opción tan irresistible como peligrosa para el consumidor: «Crea una falsa sensación de ahorro»

El auge del comercio electrónico ha impulsado nuevas fórmulas a la hora de pagar los bienes que adquirimos. Una de ellas se populariza cada vez más ya que aproximadamente el 37% de los españoles fracciona sus pagos, según 'Paynopain'. Es el 'Compra ahora, paga después', también conocido como pago a plazos. Esta fórmula permite captar a diferentes consumidores y sus necesidades sin la presión apremiante de tener que pagar en el momento. Un ordenador, un viaje para las vacaciones de verano, unos muebles para casa, una reparación... Es una práctica que permite planificar el gastos si se utiliza bien, pero que entraña algunos peligros que pueden tensionar la salud financiera. Datos de Scalapay, plataforma de BNPL ('Buy Now, Pay Later', del inglés), muestran que quienes más recurren al 'compra ahora y paga después' son los millenials y la generación Z, que constituyen más del 60% de los usuarios. Aunque los jóvenes lo perciben como una forma de pago más y no tanto como una forma de crédito, es un método que va mucho más allá de ellos. Según el Informe Global de Pagos 2024 de World Pay, en la actualidad los servivios de 'compra ahora y paga después representan el 9% de las transacciones de comercio electrónico en Europa (unos 90.000 millones de euros). Patricia García Sánchez de la Barreda, directora del Máster en Dirección Financiera de ESIC Business&Marketing School, destaca que se trata de una fórmula en auge porque «facilita el acceso al crédito, a veces necesario para llegar a final de mes y poder cubrir necesidades inmediatas» y favorece «la planificación de determinados gastos». Jordi Nebot, CEO y fundador de PaynoPain, considera que una de las grandes utilidades de esta fórmula es que permite a las familias «equilibrar sus prespuestos mensuales sin hacer un gran desembolso económico de golpe». La encuesta de la compañía 'Métodos de pago: la decisión definitiva' de 2025 muestra que cerca del 11% de los consumidores abandona la compra si se encuentra dificultades. Las soluciones de pagos aplazados a través de plataformas digitales eliminan tambien esa «fricción» de los trámites burocráticos de la banca tradicional e invitan más al consumo. En el caso de los jóvenes, un factor diferenciador es su exposición al uso de la tecnología, lo que los convierte de algún modo en 'víctimas' más fáciles de las compras compulsivas. «El 'compra ahora y paga después' reduce el 'dolor de pagar' y difiere el compromiso, creando una falsa sensación de ahorro. Aunque se publicite 'sin intereses', los retrasos activan comisiones que encarecen la compra», destaca Patricia García. Pero los consumidores también tienen una responsabilidad sobre sus propios impulsos. Como recuerda Patricia García, el Banco de España advierte sobre «la falsa sensación de ahorro y del sobreendeudamiento por acumulación de cuotas pequeñas». El 'compra ahora, paga después' no es un «salvavidas». Un dato preocupante, según la profesora de ESIC, es que la evidencia internacional muestra que precisamente los usuarios con más restricciones de liquidez recurren a este métido de compra: «Eso puede cronificar la deuda 'invisible' si no se gestiona bien». Por ello, lo más importante a la hora de afrontar estos pagos fraccionados es evitar los impulsos, tener en cuenta nuestra capacidad de pago, leer la letra pequeña o comparar alternativas, como recuerda la profesora. El CEO de Paynopain apunta en este sentido que «el usuario debe centrarse en la transparencia, las tasas, los intereses y la flexibilidad de cuotas». Detrás de su auge también están aplicaciones que favorecen la compra 'a golpe de click' sin tener en cuenta los riesgos o la propia salud financiera. Además de que pueda haber perfiles más expuestos al crédito, Nebot identifica también el riesgo por momentos de alta demanda de gasto. La vuelta al cole, las rebajas, las vacaciones... en esos periodos «los desembolsos se acumulan y la presión sobre la liquidez del usuario se incrementa». Si se recurre a este tipo de técnicas hay que estar alerta a los indicadores. Por ejemplo, como indica la directora del Máster en Dirección Financiera de ESIC Business&Marketing School, «cuando abrimos un proceso nuevo para pagar otro». «Cuando eso ocurra, lo recomendable es hacer una pausa para reordenarse y para no terminar en una espiral difícil de asumir», avisa e recomienda utilizar hojas de cálculo para tener todos los detalles controlados. Es importante no iniciar un pago aplazado si se tiene otro activo. El uso de estas técnicas, a pesar de que comportan un riesgo, no se deben demonizar. Como recuerda Patricia García «cuando hay planificación no hay acumulación» y puede ser interesante recurrir a estos métodos de pago en determinadas ocasiones como 'la vuelta al cole' para no asumir intereses. La normativa también se alía con los consumidores. Europa ha ampliado la ley de protección del consumidor a través de la Directiva de Crédito al Consumo, traspuesta desde el pasado noviembre y de obligatoria aplicación en los próximos meses. En esta directiva ya se incluyen estos productos de pagos aplazados y préstamos de bajo importe y surge de la necesidad de mitigar todos estos riesgos. Los bancos también trabajan para aprovechar los cambios regulatorios y satisfacer las demandas de los consumidores. La tecnología también debe jugar un papel fundamental en la prevención del riesgo mediante herramientas automatizadas. Las plataformas que utilizan estos sistemas permiten una experiencia ágil, pero de mayor riesgo, pero ello es imprescindible que «los proveedores de pago aplazado recopilen datos básicos del usuario que permitan un análisis rápido generando indicadores de riesgo que ayudan a determinar la viabilidad de la operación».