Si partimos de la idea de que el gobierno más eficaz es aquel que se sitúa más cerca del ciudadano, no solo físicamente, sino en su capacidad de respuesta y diálogo, tenemos que pensar en la transformación de la lógica administrativa tradicional, el rol del municipio para pasar del clásico “prestador de servicios" (barrido, alumbrado y limpieza) al rol de articulador social que puede gestionar el territorio en forma conjunta con los vecinos.