En Valderrosas, pedanía de la localidad cacereña de Carcaboso, abrir el grifo se ha convertido en un acto vigilado. No por el color, ni por el sabor, sino por lo que no se ve. Tras la detección de valores de arsénico por encima del límite legal, el agua de la red ha quedado marcada por una recomendación sanitaria clara: apta para usos cotidianos, pero no para beber ni cocinar.